"Los empresarios y jefes policíacos corren aturdidos, matamosca en mano, contra la delincuencia. El problema radica en que en lugar de afanarse en perseguir a las moscas deberían de instruirse en comprender de qué y cómo está conformado ese montículo que las atrae en primer lugar"
Estas palabras me las convidó mi amigo Jorge Septién, especialista en seguridad que desde hace unos meses asesora a un creciente grupo de empresarios desesperados ante la ineptitud de los cuerpos policíacos locales para enfrentar la creciente criminalidad en Cancún. Y las retomo ahora que parece que se va Luis Felipe Saidén, el jefe de policía que trajo la esperanza de reformar a los cuerpos policíacos locales, de abatir hasta donde fuese posible, la corrupción institucionalizada en ellos, corrupción que a medida que avanza conforma grupos de delincuentes especializados con acceso a información privilegiada que puede dar lugar al florecimiento del crimen organizado, ese que sienta sus reales en ciudades donde cuesta trabajo distinguir quienes son los policías y quienes los ladrones. Ya lo dijeron mil veces, hace falta capacitación, profesionalización y dignificación así como claras estrategias para combatir y prevenir la delincuencia; pero sobre todo, y eso lo digo yo hacen falta líderes de estos cuerpos policíacos que estén libres de mácula, capacitados y honestos. Y ahora, con Saidén con un pie fuera, decepcionado por las dificultades que enfrenta, con una sutil frase que repite a quienes ya le tenían confianza: "cuiden a Cancún, no pueden dejar que siga este camino, sería una desgracia", parece que nos volveremos a quedar como antes, sólo que ahora sin la Fuerza Interinstitucional Policíaca (FIP) encabezada pro el Comandante Galué, que pésele a quien le pese, está capacitada para enfrentar a los criminales, para prevenir delitos mayores y demostró en Cancún ser capaz de atender con una premura inusitada (tres minutos para ser exacta) los llamados de auxilio ciudadano, para prevenir incluso, un asesinato.
Así las cosas se avizora nuevamente en el desamparo, a esperar una decisión acertada, a poner changuitos ante el desgraciado panorama: una policía judicial incapaz de investigar los delitos y sumida en la corrupción hasta la médula, unos Ministerios Públicos agotados, que debieran, según la ley, ser las y los abogados de la ciudadanía denunciante y que por el contrario son quienes con sobreturnos, mal pagados y malcomidos, aceptan a veces dinero por debajo de la mesa y con su trabajo mal hecho imposibilitan que a los juzgados lleguen los expedientes debidamente consignados. Con un 85% de delitos no perseguidos, ni siquiera investigados, el panorama amedrenta y llama a las y los líderes locales a cerrar filas para exigir a las autoridades resuelvan los problemas de fondo político que una y otra una corporación policíaca con planes y sisn recursos para ejecutarlos, dejando un mensaje claro y contundente: este es un paraíso de banqueros y de delincuentes, bienvenido a Cancún.
Pero yo digo todavía hay esperanza.
Remember New York:
Uno de los hombres que renovó a la corrupta y desgastada policía neoyorquina fue William Bratton, ¿se acuerda de tolerancia cero?. En el departamento de policía Bratton ya había buscado la forma de combatir la delincuencia con estrategias preventivas, en lugar de ser como siempre, reactivas. Se basaron en la tesis de la ESPIRAL DE DELINCUENCIA , elaborada por criminólogos de Harvard, la cual plantea que existen en los municipios diversos grados de tolerancia a la delincuencia menor, y que ésta tolerancia sienta precedentes para que los delincuentes sepan medir su impunidad al cometer un ilícito. Sabían que se toleraban de manera regular a los bebedores en las calles, a los borrachines de los barrios, a los maridos golpeadores en los hogares; los robos menores como el típico cristalazo para extraer el estéreo, etc. Luego Bratton implantó la intolerancia al delito menor, aumentó el número de policías en los barrios bajos y en los registros comenzaron a elevarse el número de delincuentes hasta en un 200% en un principio. Esto les llevó a estratificar el tipo de delito y las zonas en que estos se llevaban a cabo; mientras tanto la policía vestida de civil rondaba los bares, teatros y restaurantes en los que comenzaron a detener a ladrones, robacoches y violadores de media noche. Las estadísticas de delitos menores, que son a veces antesala a delitos mayores, les permitieron diagnosticar la raíz de los problemas. Una de las resultantes fue: donde hay droga hay jóvenes y violencia sexual, entonces buscaron las formas legales a través del gobierno local y los procuradores de justicia, para que se permitiese que la policía preventiva se encargara de atacar el tráfico hormiga de estupefacientes, territorio antes exclusivo de la policía antinarcóticos. Esta resolución permitió la detención de múltiples vendedrogas locales, y nuevamente arrojó una estadística más real de la cantidad y número de traficantes y clientes. Esta labor permitió a la policía hacer un "mapeo de zonas difíciles" identificando los sitios turísticos en los que trabajaban los delincuentes. Al mismo tiempo se aplicó el estudio de criminalidad por zonas y se sugirió a las y los legisladores una mayor atención en trabajo de desarrollo social en las zonas pobres y marginadas de las cuales surgían muchos de los delincuentes. Claro, había presupuesto para lo anterior.
Según el profesor Nelson Arteaga autor del libro Policía y corrupción, y JM Rico en "Sistemas comparados de policía" ed. Alianza, este programa funciona porque busca recuperar el entorno urbano con la finalidad de eliminar las posibilidades de acción de los delincuentes, porque optimiza el trabajo policiaco con objetivos precisos y metas concretas, y sobre todo porque respeta la aplicación de las leyes sin excepción alguna y porque la seguridad de la ciudadanía es tema prioritario para el gobierno y para ello presupuesta e invierte.
Ahora bien, el ayuntamiento se declara en crisis financiera, se anuncian los recortes. Las promesas que García Zalvidea hiciere a Saidén al contratarlo se esfuman, se esfuma el presupuesto, no hay ni para los sueldos del jefe policiaco y su nueva unidad, ni para entrenamiento, menos para equipo. Nos queda también en austeridad una pregunta para Chacho ¿cómo estableció sus prioridades presupuestales para dejarnos en este brete de seguridad?.
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Lydia Cacho
cacholydia@yahoo.com
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