Año 3 Numero 14 Diciembre-Febrero, 2003-2004  




Interludio
No todo está perdido

La noticia hoy no es lo mal que andan las cosas, sino lo bien que pueden andar en el futuro.

Marianne Williamson

Ahora que leo los periódicos pletóricos de malas y pésimas noticias me recuerdo que Mario Villanueva está en al cárcel. Esa es una vieja noticia alentadora; es una evocación de la posibilidad de que los políticos que nos gobiernan bajo los parámetros del abuso, el engaño y la corrupción, puedan, eventualmente, pagar por sus delitos y abusos de poder.

Juan Ignacio García Zalvidea se encuentra entre la pared de sus discursos sobre democracia y anticorrupción y la espada de la realidad que el conmina a enfrentar los hechos. Resulta curiosísismo que un conservador como Chacho reciba en su hogar, como visita de Semana Santa, a Andrés Manuel López Obrador; será que ambos sospechan que alguien quiere crucificarlos y en su amistad hallan la paz de sentirse víctimas de terceros que quieren destruir sus carreras políticas.

Aunque resulta evidente que nos son políticos de la misma talla, no deja de sorprender en ambos su habilidad para reaccionar como tuertos de la realidad. Lo interesante es que cuando un líder político mira la realidad sólo con un ojo, el otro que se mantiene cerrado ve hacia adentro, y puede sentirse invadido de miedo, por advertir que dentro de si mismo ha construido un castillo de falsedades que ya no es capaz de enfrentar con dignidad ante su pueblo gobernado.

Ortega y Gasset escribió que un hombre es él y sus circunstancias; ahora las circunstancias de Chacho han cambiado radicalmente. Su ruptura definitiva con el Verde Ecologista y su lidereza, con quien mantuvo una cercana amistad, sumada a la guerra que ha declarado contra el exlíder de los hoteleros, quien le ayudara incondicionalmente en tiempos en que pocos empresarios soportaban la presencia populista del presidente municipal, le ha puesto en un sitio delicado: está más vulnerable que nunca, y en la medida en que, producto de su desesperación, siga agrediendo sin ton ni son a las y los periodistas, a los empresarios, al gobierno estatal y, básicamente, a cualquiera que disienta con su forma de aproximarse al poder, se debilitará cada vez más.

Aunque los parámetros de comparación entre Villanueva y García Zalvidea son infinitamente lejanos, resulta inevitable preguntarnos qué hubiese sucedido si Villanueva, en lugar de tener a los geniales asesores que hicieron de él un tirano experto, hubiese vivido una crisis de credibilidad durante su paso por la alcaldía como la que hoy muestra Chacho. Me gusta pensar que no hubiera sido gobernador, y que Quintana Roo podría haberse ahorrado un sexenio de profunda corrupción, amenazas y violencia que nos marcó para siempre. Antes García Zalvidea se sentía dueño único de la gran silla estatal, ahora debe detenerse para demostrar no sólo que puede ser buen gobernador, sino que es capaz de probar que no hay corrupción en su municipio y que, de haberla, hará lo que la ley marca para esclarecerla. Habrá de rescatar al municipio de una crisis financiera causada por el equipo liderado por él.

Pero García Zalvidea tiene un problema de fondo: es un dogmático que desde la llegada al poder ha impuesto sus ideas sin escuchar a nadie. Siempre llega cuando menos media hora tarde a los eventos públicos a los que se le invita, cita a empresarios, hombres y mujeres políticas o representantes de la sociedad civil, y les
deja esperándole entre dos y tres horas. A las y los reporteros les reprende como si fuesen menores y espeta sutiles amenazas de no volver a declarar si no escriben todo lo que él quiere. En los eventos públicos lleva a las gritonas, matraqueras y porristas que otrora trabajaran para los más deplorables priístas locales. Los hoteleros tienen un chiste en el cuál aseguran que Chacho es un mago capaz de convertir cualquier diálogo en
monólogo. El problema de un político dogmático, como dice Federico Reyes Heroles, es que acomoda la vida y se acomoda en ella estableciendo mojoneras muy estrechas que le permiten un muy escaso movimiento, y en ese reducido espacio de sus ideas, el dogmático se siente seguro. Cuando alguien o algo cuestiona sus rígidos sistemas de interpretación del mundo se siente agredido personalmente. Ese es Chacho, todo análisis o crítica a su gobierno lo transforma en asunto personal, y lo peor de su personalidad iracunda sale a relucir. Hasta hace un par de meses, en una reunión de la Asociación de Hoteles todos los líderes de la IP aseguraban que no había remedio: Chacho sería gobernador. Ahora ya muchas y muchos dudan, eso a mi me parece significativo, es decir, son buenas noticias. Aunque en su informe haya pedido perdón y atribuido sus fallas a un "entusiasmo y deseo de servir", lo cierto es que provocó una ruptura irreparable, y cada día que pasa se muestra más como en realidad es. Conocer a los gobernantes como son y no como desean mostrase, es en sí misma una> ventaja para el pueblo. Hay esperanza en la medida en que la crítica saque a relucir lo mejor y lo peor de quienes tienen en sus manos el gobierno; porque pone en las nuestras la decisión para el futuro.

Lydia Cacho

cacholydia@yahoo.com

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