La noticia hoy no es lo mal que andan las
cosas, sino lo bien que pueden andar en el futuro.
Marianne Williamson
Ahora que leo los periódicos pletóricos de
malas y pésimas noticias me recuerdo que Mario Villanueva está
en al cárcel. Esa es una vieja noticia alentadora; es una evocación
de la posibilidad de que los políticos que nos gobiernan bajo los
parámetros del abuso, el engaño y la corrupción, puedan,
eventualmente, pagar por sus delitos y abusos de poder.
Juan Ignacio García Zalvidea se encuentra entre
la pared de sus discursos sobre democracia y anticorrupción y
la espada de la realidad que el conmina a enfrentar los hechos. Resulta
curiosísismo que un conservador como Chacho reciba en su hogar,
como visita de Semana Santa, a Andrés Manuel López Obrador; será que ambos
sospechan que alguien quiere crucificarlos y en su amistad
hallan la paz de sentirse víctimas de terceros que quieren destruir sus
carreras políticas.
Aunque resulta evidente que nos son políticos
de la misma talla, no deja de sorprender en ambos su habilidad para
reaccionar como tuertos de la realidad. Lo interesante es que cuando un
líder político mira la realidad sólo con un ojo, el otro que se
mantiene cerrado ve hacia adentro, y puede sentirse invadido de miedo,
por advertir que dentro de si mismo ha construido un castillo de
falsedades que ya no es capaz de enfrentar con dignidad ante su pueblo gobernado.
Ortega y Gasset escribió que un hombre es él y
sus circunstancias; ahora las circunstancias de Chacho han cambiado
radicalmente. Su ruptura definitiva con el Verde Ecologista y su
lidereza, con quien mantuvo una cercana amistad, sumada a la guerra que ha
declarado contra el exlíder de los hoteleros, quien le ayudara
incondicionalmente en tiempos en que pocos empresarios soportaban la presencia
populista del presidente municipal, le ha puesto en un sitio delicado:
está más vulnerable que nunca, y en la medida en que, producto de
su desesperación, siga agrediendo sin ton ni son a las y los
periodistas, a los empresarios, al gobierno estatal y, básicamente, a cualquiera
que disienta con su forma de aproximarse al poder, se debilitará
cada vez más.
Aunque los parámetros de comparación entre
Villanueva y García Zalvidea son infinitamente lejanos, resulta
inevitable preguntarnos qué hubiese sucedido si Villanueva, en lugar de
tener a los geniales asesores que hicieron de él un tirano experto,
hubiese vivido una crisis de credibilidad durante su paso por la
alcaldía como la que hoy muestra Chacho. Me gusta pensar que no hubiera
sido gobernador, y que Quintana Roo podría haberse ahorrado un sexenio
de profunda corrupción, amenazas y violencia que nos marcó
para siempre. Antes García Zalvidea se sentía dueño único de la
gran silla estatal, ahora debe detenerse para demostrar no sólo que
puede ser buen gobernador, sino que es capaz de probar que no
hay corrupción en su municipio y que, de haberla, hará lo que la ley
marca para esclarecerla. Habrá de rescatar al municipio de
una crisis financiera causada por el equipo liderado por él.
Pero García Zalvidea tiene un problema de
fondo: es un dogmático que desde la llegada al poder ha impuesto sus ideas
sin escuchar a nadie. Siempre llega cuando menos media hora tarde a
los eventos públicos a los que se le invita, cita a empresarios,
hombres y mujeres políticas o representantes de la sociedad civil, y les
deja esperándole entre dos y tres horas. A las y los reporteros les
reprende como si fuesen menores y espeta sutiles amenazas de no volver
a declarar si no escriben todo lo que él quiere. En los eventos públicos
lleva a las gritonas, matraqueras y porristas que otrora trabajaran
para los más deplorables priístas locales. Los hoteleros tienen un
chiste en el cuál aseguran que Chacho es un mago capaz de convertir
cualquier diálogo en
monólogo. El problema de un político dogmático, como dice
Federico Reyes Heroles, es que acomoda la vida y se acomoda en
ella estableciendo mojoneras muy estrechas que le permiten un muy
escaso movimiento, y en ese reducido espacio de sus ideas, el dogmático
se siente seguro. Cuando alguien o algo cuestiona sus rígidos sistemas de interpretación del mundo se siente agredido
personalmente. Ese es Chacho, todo análisis o crítica a su gobierno
lo transforma en asunto personal, y lo peor de su personalidad
iracunda sale a relucir. Hasta hace un par de meses, en una reunión de
la Asociación de Hoteles todos los líderes de la IP aseguraban
que no había remedio: Chacho sería gobernador. Ahora ya muchas y
muchos dudan, eso a mi me parece significativo, es decir, son buenas
noticias. Aunque en su informe haya pedido perdón y atribuido sus
fallas a un "entusiasmo y deseo de servir", lo cierto es que provocó una
ruptura irreparable, y cada día que pasa se muestra más como en
realidad es. Conocer a los gobernantes como son y no como desean mostrase,
es en sí misma una> ventaja para el pueblo. Hay esperanza en la
medida en que la crítica saque a relucir lo mejor y lo peor de quienes
tienen en sus manos el gobierno; porque pone en las nuestras la
decisión para el futuro.
Lydia Cacho
cacholydia@yahoo.com
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