Durante siglos fueron ellas quienes, desde los templos egipcios, como sacerdotisas y sanadoras, y en la antigua Grecia, como fundadoras de la ciencia ginecológica, hallaban las pócimas para curar el cuerpo y el alma de su gente. Desde principios de la humanidad, fueron las mujeres quienes practicaron por primera vez la alquimia; ellas descubrieron y sembraron toda clase de hierbas curativas, preparaban alcohol en sus cocinas, y a nadie le parecía extraño que la medicina y la sanación fuesen considerados artes femeninas.
Lo que prácticamente se desconoce en el mundo entero es que las mujeres fueron las grandes médicas, chamanas y sanadoras de la historia, sin embargo, la cultura patriarcal fue eliminando sus nombres de los anales de la historia hasta que estas artes quedaron en manos y a méritos de hombres.
La vacuna para la viruela fue introducida a Europa por Lady Montagu, quien en sus viajes por Turquía vio a las mujeres árabes inocular a sus pequeños para evitar la enfermedad. Mucho antes de que la "ciencia médica" desarrollara la teoría de los gérmenes ya a principios del siglo XIX, las mujeres que fundaron el Hospital de Boston manejaban a sus pacientes con las técnicas de asepsia, reconocidas hoy en día como un "descubrimiento masculino". Fue una sanadora, la Dra. Hutton, quien descubrió la receta para evitar la retención de líquidos en pacientes cardíacos, sin embargo, un hombre le compró la receta (el recibo existe hasta la fecha); su nombre era Dr. Withering y la historia de la medicina le da crédito por su supuesto hallazgo.
Miles de descubrimientos médicos han sido adjudicados a hombres médicos, el más conocido es el de Trótula, una profesora de medicina que vivía en Salerno en el siglo XI. Era una sabia que escribió el primer y más exhaustivo tratado sobre las enfermedades de las mujeres, los niños y las niñas. En tiempos victorianos, cuando se comenzó a escribir la historia de la medicina universal, los historiadores, en un acto de misoginia, escribieron que Trótula no era una mujer y que ese tratado había sido escrito por un maestro de ella. Hoy día, gracias al minucioso rescate de historiadores contemporáneos, el nombre de la doctora Trótula fue rescatado. |
| Todo comenzó en el siglo IV, cuando en la Grecia eran las mujeres quienes practicaban la medicina y la ginecología como profesionales; pero un buen día un grupo de Médicos y Políticos decidieron que ese tema de la medicina era buen negocio y que la salud del pueblo no podría estar en manos de mujeres. Así fue que condenaron a muerte a la reconocida médica Agnodice, quien fue salvada por sus pacientes femeninas más ricas y poderosas; sin embargo se decretó la primera ley para prohibir a las mujeres practicar la medicina y cobrar por ello; sólo los varones tendrían permiso del Estado para ser médicos o doctores, las mujeres podrían aspirar a ser parteras o ayudantes o sólo estudiantes, algunas, no obstante, lograron seguir practicando. En el siglo XII, Jacoba Felice, la mejor médica de París, fue excomulgada por recomendación de sus colegas médicos, quienes consideraban que era impropio que una mujer tuviera tanto poder de sanación.
Entre el siglo XIV y el XVII alrededor del mundo se crearon campañas masculinas para castigar, asesinar, encarcelar y excomulgar a las mujeres sanadoras. ¿La causa?, se preguntará usted, muy simple: demasiado poder y un creciente fortalecimiento de una cultura religiosa Judeocristiana misógina, centrada en el poder masculino y la sumisión femenina. Pero gracias a las Diosas nada es para siempre.
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En este fin del 2003 y principio del 2004. en Esta Boca Es Mía rescatamos a las sanadoras de la historia y con ellas, la voz de las que hoy día nutren con su sabiduría ancentral el cuerpo y el alma del mundo. |
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