Año 3 Numero 14 Diciembre-Febrero, 2003-2004  




 

En la antigüedad, antes de que lo Femenino fuera desterrado y de que las mujeres fueran despojadas de todos los poderes (la quema de alquimistas, de "brujas" curanderas, escribanas y médicas), los misterios de nuestros cuerpos eran celebrados con rituales. La menstruación, la sexualidad, el parto, la menopausia y la muerte se veían como pasos de gran importancia; como transiciones entre dos mundos, que debían ser honradas en los territorios externos e internos. Y el cuerpo femenino era el vehículo de estas transiciones.

En la actualidad, se han perdido los ritos de paso, así como nuestra reverencia por el misterio. Estamos cortadas/os dentro de nuestros "egos encerrados en una piel"; por ello los periodos especiales de ceremonia pueden convertirse por el contrario en graves dificultades personales, y la oportunidad para un salto espiritual hacia delante puede convertirse en un desmoronamiento espiritual.

Recientemente ha aparecido el renacimiento del ritual. Pequeños grupos de mujeres interesadas en diversas formas de espiritualidad femenina se reúnen para celebrar los acontecimientos de transición del mundo de la naturaleza, como los plenilunios, los solsticios y los equinoccios.

Otras mujeres que estudian el chamanismo y las culturas nativas crean danzas y ceremonias musicales o de curación para estas ocasiones de transición personal, como la entrada a la adolescencia, los partos, cumpleaños, bodas, menopausia, enfermedades y muerte.

Connie Zweig. Fragmento del libro Ser Mujer. Ed. Kairós, 1992.


 
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