Año 3 Numero 14 Diciembre-Febrero, 2003-2004  




Miedo al
FEMINISMO

Todavía en nuestros tiempos la palabra feminismo da miedo. Todavía ser feminista significa para algunas mujeres distanciarse de los hombres, ser una mujer distinta, agresiva, amenazadora de la paz y de la convivencia. Todavía hay mujeres que sienten pavor a ser ellas mismas, a expresar sus opiniones, a salir del mundo, quizás porque se sienten atacadas por el entorno y prefieren adaptarse a él, quizás porque, hoy día, mantener una actitud crítica y reflexiva no es fácil.

Las críticas sobre el feminismo y las feministas son hoy más sutiles y más subterráneas que en los tiempos del sufragismo, quizás porque a veces sólo se analizan los aspectos más externos de su lucha, sin intentar profundizar en las causas que la motivan. Para algunos, las feministas son mujeres frustradas, sexual y afectivamente, que desembocan su fracaso personal hacia un abusivo enfrentamiento entre los sexos. Hay quien piensa que el feminismo es una revancha irracional contra la supremacía masculina, una especie de machismo al revés, nada más lejos de la verdad; estas en general son opiniones de quienes no han conocido sin prejuicio este movimiento social.

A lo largo de la historia de la humanidad, ha habido pocos movimientos tan anatematizados, ridiculizados e incluso ignorados como el feminista.

El miedo al feminismo parte del desconocimiento de las causas de la opresión de la mujer, el feminismo es un análisis riguroso y exhaustivo del porqué de la opresión secular de una parte de la humanidad, que se expresa, hoy día, a través de varias opciones políticas.

La libertad de las mujeres no implica la esclavitud de los hombres, de la misma manera que estos no pueden soñar con ser libres si siguen oprimiendo a las mujeres, al mismo tiempo, el feminismo significa la recuperación de la palabra de la mujer, de su propia historia, individual y colectiva, sin tabúes, sin leyes restrictivas, sin miedos paralizadores.

El feminismo impulsa a que se desarrolle la conciencia activa de la mujer, de todas las mujeres que se proponen saber, las mujeres han sido consideradas seres inferiores, o dicho de otro modo "el sexo débil".

El feminismo, pues, defiende la razón y la vida y, a la larga lucha para que la palabra libertad no sea una palabra abstracta y privilegio de unos pocos.

De todas las ideologías que sustentaron los grandes movimientos de masas del siglo xx, fue la nacionalsocialista en Alemania, la que en mayor grado redujo el papel social de la mujer a sus funciones más tradicionales, imponiéndoselo de la manera más autoritaria y coercitiva. Según sus ideólogos, la mujer estaba llamada a dedicarse exclusivamente a la maternidad y a la familia.

Borrada de la historia, expulsada de los cargos profesionales más elevados y marginada de la educación superior, la mujer fue reducida al papel de procreadora de hijos sanos y fuertes para ofrecer a la nación.

Trabajar fuera de casa en una sociedad como la nuestra, que codifica rígidamente la diferencia entre lo "exterior" y lo "interior", representa un paso importante en la lucha por la liberación de la mujer, pues atenta contra la escisión entre lo privado y lo público, y permite a las mujeres tener una mayor conciencia de su condición. Trabajar fuera de

casa, manteniendo al mismo tiempo la organización de la familia actual, obliga a muchas mujeres a realizar un arduo esfuerzo para no desvalorizarse a sí mismas ni quedar desvalorizadas ante los demás. Entre otras cosas, porque la fuerte presión social, imbuida de ideología patriarcal intenta culpabilizar a las que son madres y que al mismo tiempo trabajan fuera de casa. El caso es que la gran mayoría de las mujeres de la sociedad industrial ha entrado en el mundo de la producción por la puerta del servicio. Casi siempre se les ha encomendado tareas manuales, rutinarias, sin interés y sin posibilidades de creación individual. Su salario es, por lo general, inferior al de sus compañeros varones, aunque realicen trabajos similares, y pocas veces se les promociona, aunque valgan para ello, para que ocupen cargos directivos o de mayor responsabilidad.

Se ha relegado, pues, a la mayoría de las mujeres en la zona de las llamadas "profesiones femeninas", que prolongan la vida doméstica de la cocina, costura, e incluso del cuidado de la belleza, aunque aquí también se admite que en la cúspide de la pirámide están los grandes cocineros, modistos y peluqueros, pues los hombres son "creadores" y las mujeres "artesanas".

Se atribuye al hombre el poder de la creación e invención, y se hace creer a las mujeres que son sólo transmisoras del pensamiento masculino.

Al no considerar que las tareas domésticas forman parte de la vida laboral de millones y millones de mujeres, se ha desprestigiado socialmente el trabajo del ama de casa y se la ha reducido a la nada económicamente.

Aquellas mujeres que han conseguido ser respetadas y valoradas en el mundo exterior del trabajo, sea profesional o artístico, muchas veces se convierten en seres mimados por la misma sociedad que discrimina a la gran masa de mujeres trabajadoras. Si no se dan cuenta que son unas privilegiadas y que han podido realizarse gracias a su origen acomodado o porque han renunciado a facetas más íntimas de su vida personal, pueden ser utilizadas como falsos ejemplos tendentes a demostrar que, hoy día, cualquier mujer se liberará con sólo conseguir un trabajo.

La incorporación de la mujer al mundo del trabajo es, un paso importante y decisivo, pero no el único medio en la lucha por su liberación. Hace falta conocer la historia y recuperar la fortaleza y sabiduría participativa de las mujeres diversas; el feminismo se dedica, precisamente a ello.

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