
El Malleus Maleficarun es el texto en cuyas páginas se instruían los inquisidores para cometer uno de los más absurdos crímenes cometidos en contra de las mujeres: la caza de brujas. Escudados tras la máscara de la espiritualidad, verdugos de la intolerancia tuvieron como fin acabar con la "maligna costumbre" que tenían las mujeres del medioevo de pensar, organizarse y poseer conocimientos. Para entender este horror digamos que los inquisidores fueron los mega-ultras de la represión femenina y la raíz de la ahora inmortalizada frase del panista Diego Fernández de Cevallos: "El viejerío a su casa".
Esta feroz cacería se prolongó durante cuatro siglos (XIV al XVII) y basaba su cruzada en acusar a mujeres por diversos delitos que podían ser desde subversión política, herejía religiosa, hasta inmoralidad y blasfemia. Así, estas supuestas brujas podían ser denunciadas, encarceladas y vejadas por haber cometido delitos sexuales contra los hombres, por elaborar pócimas para sanar o enfermar, ofrecer anticonceptivos a las mujeres, ejecutar abortos, desaparecer los genitales de los hombres y prestar al diablo su cuerpo para tentar a los hombres.
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Es menester decir que estos "santos inquisidores", sin proponérselo quizás, legaron así una sólida herencia en la cual "machos modernos" como George Bush y los congresistas de Querétaro basan sus actuales políticas de salud.
Lo que puede llamarse como una de las más efectivas campañas sexofóbicas de la historia fue emprendida por las clases dominantes y la Iglesia para acaparar el poder, teniendo entre sus principales rivales a unas poderosas brujas que no eran otras que sanadoras no profesionales al servicio de la población campesina. Estas mujeres habían heredado de sus antepasadas el conocimiento de la herbolaria con el que preparaban analgésicos, digestivos y tranquilizantes muy solicitados por la población, y que por cierto, siguen siendo la base de nuestras actuales medicinas globalizadas e hipersofísticadas.
Otro factor que incomodaba a la Iglesia era que dichas sanadoras no usaban rezos cristianos para atender a sus pacientes sino "pases mágicos", que en nuestros días se conocen simplemente como técnicas de sugestión, y que , por lo mismo, eran muy efectivos, nada que ver con Jorge Cornejo y su pléyade de vacuos predicadores que nos aqueja en la actualidad. Fue por estas razones que la Santa Inquisición se dio a la cristiana tarea de exterminar a estas extraordinarias médicas empíricas, valiéndose de excomuniones, latigazos, torturas y la muerte en la hoguera. No es difícil, entonces, comprender el porqué las mujeres se hayan alejado de la práctica médica los siglos subsecuentes.
Por supuesto, la historia no para ahí, y también son dignas de mención otras "pensadoras" que hubieron de consumirse en esta hoguera misógina y a quienes se les conoce como: beguinesas y abadesas. Su historia se remonta al siglo XI cuando las mujeres fueron recluidas, por voluntad propia o imposición, en los monasterios. A partir de entonces empezaron a surgir pedagogas, literatas, filósofas, científicas, que equiparaban y en momentos superaban el conocimiento de cardenales y demás prelados monopolizadores del saber. Mujeres como Hildegarda de Bingen, Cristina de Markyate, Cristina de Pisán y Margarita Poréte centraron su atención en el quehacer científico, artístico, místico y filosófico que nunca tuvieron que ver con la producción del oro o la búsqueda de la piedra filosofal. La meta de estas abadesas fue siempre la educación, el conocimiento y la verdad y, por ende, el cuestionamiento del orden establecido que les era absolutamente adverso. Estas mujeres produjeron obras maestras tanto en el campo de la ciencia, el arte y la mística; pero por ser "subversivas" fueron víctimas de las llamas del olvido atizadas por los historiadores masculinos o peor aún, y fue la razón de que muchas de ellas se consumieran en la hoguera de la barbarie. ¿Y luego se preguntan ciertos hombres o mujeres cuál será la razón de que la historia no registre proezas intelectuales femeninas? ¿Acaso ignoran que las mujeres no siempre han estado en un lecho de rosas?
Tomado de: La persecución de las brujas, de Virginia Enciso Huerta.

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