Año 3 Numero 14 Diciembre-Febrero, 2003-2004  




Cuerpo de Kali Astride Shiva, finales del siglo XIX

La vieja sabia era la personalidad más fuerte de la diosa en los tiempos prepatriarcales. Más fuerte que cualquier dios. Y era muy temida. Hasta no reprimir la figura de la vieja las religiones patriarcales no lograron el total control de las mujeres. La vieja sabia (en inglés crone) generalmente era la tercera representación de los tres aspectos de la diosa triple, ejemplificada en figuras, como: Kali, la destructora; Cerridwen; Hecate; Morgan, reina del mundo subterráneo; Macha; Perséfone, la todopoderosa Coatlicue. Todas representaban la vejez o la muerte, el invierno, el día del último juicio, la luna creciente, y otros símbolos de la destrucción inevitable o la disolución que precede a la regeneración.

La divinidad en su triple aspecto representa a la Diosa del Cielo, de la Tierra y del Infierno. En tanto que Diosa del Cielo era la Luna: la Luna nueva es la Diosa niña, la Luna llena es la Diosa mujer y la Luna creciente es la Diosa anciana y sabia. En tanto que Diosa de la Tierra animaba a los árboles, las plantas y los animales; dominaba las tres Estaciones: primavera, verano e invierno. En tanto que Diosa del Infierno se ocupaba del nacimiento, la procreación y la muerte (Dunn Mascetti, 1992).

En el prepatriarcado las mujeres viejas eran la fuente de sabiduría, leyes, capacidades de sanación y de liderazgo moral. Sus arrugas eran símbolos de honor, no de vergüenza. En la Europa precristiana, las viejas estaban a cargo de los rituales religiosos y de los sacrificios oficiales. En el Oriente Medio y Egipto, muchas mujeres mayores servían en los templos de las Diosas, impartiendo una variedad de servicios eclesiásticos. Eran médicas, parteras, cirujanas, y consejeras sobre el cuido de la salud, de la crianza de las hijas, y de la sexualidad. También estaban a cargo del cuidado del alma. Llevaban a cabo ceremonias para todos los eventos desde el nacimiento y la muerte. Como escribas mantenían los libros y los archivos en los templos y las cortes, escribían historias, mantenían memorias vitales y tablas oficiales de pesos y medidas. Las mujeres mayores eran las maestras religiosas y seculares, las educadoras universales de las jóvenes.

Es probable que en su madurez y vejez las mujeres entraran en una etapa muy productiva, una época creativa. Hoy en día la sociedad ve a la vieja como alguien inútil y no hermosa. No es sorprendente que tantas mujeres se llenan de ansiedad cuando las hijas se van. La cultura no les ha asignado un rol donde su experiencia y sabiduría se puedan usar. Según Walker, el hombre patriarcal desea que la mujer continúe en el papel de sirvienta dedicada y no remunerada. Una de las razones es que el hombre patriarcal debe negarle a la mujer las funciones naturales que antes eran de ella, como jueza, curandera, sabia, árbitra de las leyes, la moral y la ética, dueña de los mitos sagrados, mediadora entre el mundo de la carne y el espíritu, y sobre todo, la función de la vieja: sacerdotisa de los funerales y Madre de la Muerte, la que controlaba las circunstancias de la muerte, así como controlaba los nacimientos. Decían en el Oriente que las verdaderas amantes de la Diosa debían no únicamente amar sus imágenes bellas, sino también su imagen fea de destructora. La vieja también representaba la tercera etapa, la posmenopausia, de la vida de las mujeres y sus santuarios eran atentidos por mujeres posmenopáusicas. Debido a que se pensaba que las mujeres se volvían muy sabias cuando dejaban de soltar su sangre lunar, ya que la retenían en sus cuerpos, la vieja era generalmente la Diosa de la Sabiduría, como Minerva, Atenea, Metis, Sofia y Medusa.

Muerte de la Vieja

El rechazo a la muerte natural hizo que los religiosos del nuevo sistema patriarcal erradicaran a la vieja, precisamente porque les recordaba que la vida era finita. La tradición judeo-cristiana insistía en que la mujer era la que causaba la muerte por la desobediencia primordial de Eva y que la muerte era un castigo. Para los hombres cristianos, escribe Barbara Walker, era preferible un infierno de tortura eterna que la no existencia. El terror a la muerte y la idea de que la mujer la causa, llevó a los patriarcas a matar a las viejas y a las mujeres mayores cuando conquistaban nuevas comunidades, y también a la tortura y quema de mujeres calificadas de brujas en la Europa de la Inquisición entre los siglos XIII y XVII.

Comenzamos a descubrir que los arquetipos pueden ser suprimidos pero no destruidos, y que la supresión de estos puede ser socialmente catastrófica. La vieja sabia no estimulaba los holocaustos de la guerra y los asesinatos en el esfuerzo inútil de exorcizar el miedo a la muerte proyectándolo y dirigiéndolo a otros. La vieja, como la naturaleza con quien se comparaba a la mujer, representaba la parte cíclica de la vida y, además, ella preparaba la comunidad para este evento natural. Ella estaba a cargo de la vida y de la muerte. Ella tomaba las decisiones. En las culturas prepatriarcales estaba la idea de que aquella que introduce la vida también introduce la muerte, como parte del reciclaje universal. Lo que nace también muere. Toda materia o forma viva sirve como nutrición para otras formas.

Pero más allá de este miedo masculino reside otra verdad que aún sobrevive, y es el miedo que algunos hombres tienen a nuestro rechazo, a que le digamos no. Cuando desaparecieron a la vieja sabia crearon mandatos y leyes para excluir a las mujeres de la creación de lo simbólico religioso, político y social. Condenaron a las mujeres a la obediencia y al silencio y a la no intervención en sus políticas de destrucción y genocidio, y diabolizaron a la vieja, sus rituales y deidades. No es casual que cuando llegamos a nuestra maravillosa sabiduría entrando la menopausia, nos tildan de histéricas, menopáusicas, o inservibles e inútiles, etc. Oír a las mujeres no es lo que quieren los padres de nuestro mundo. No les conviene.

Pero esa vieja sabia está en cada una de nosotras aún. ¿Cuántas de nosotras no nos referimos a nuestra inteligencia/intuición como a mi vieja sabia? Es ella la que critica y sabe muy bien lo que no le gusta. Y es ella a la que tenemos que rescatar, revivir y amar, porque ella sabe decir no a lo inaceptable. La situación de las mujeres mayores y ancianas en el mundo entero es totalmente inadmisible.

¿Qué hacer?

Ya hemos comenzado. Muchas hemos rescatado a la bruja por ejemplo. Sabemos que bruja quiere decir mujer sabia, y además que eran/son las parteras, curanderas, hierberas, entre otras cosas. Intuimos que si hubiéramos vivido hace dos o más siglos a la hoguera nos hubieran llevado a muchas. Hay cierta complicidad entre nosotras, no tanto porque nos reunimos y hacemos cosas juntas, aunque eso es muy importante, sino porque creamos, o rescatamos una idea. Y en esa idea reside la memoria ancestral colectiva de todas, y la imagen de fuerza, saber, independencia y autodeterminación.

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