Año 3 Numero 14 Diciembre-Febrero, 2003-2004  




Según el historiador Robert Briffault, las culturas tempranas de la humanidad fueron prácticamente producto intelectual del trabajo femenino. La preparación de los alimentos, la producción y el tejido de las ropas, la cerámica y la medicina fueron pasando de una generación a otra de mujeres creadoras, secretamente de madre a hija; diversos rituales y oraciones acompañaban estas enseñanzas.

Eran las proveedoras de cuidado para los hombres, las niñas y los niños y para las otras mujeres. En la antigüedad eran vistas como una fuente de conocimientos, de vida; madres y guardianas de las tribus. Su cuerpo era capaz de hincharse preñado y luego dar vida humana. Su cuerpo sangraba mensualmente de una "herida" que no las mataba, y sus senos eran capaces de dar leche nutritiva para una o un infante desprotegido.

Todas estas funciones juntas eran consideradas un misterio para los hombres, sin embargo no les generaba temor alguno, por el contrario, se les conectaba directamente con la luna. Se sabe que las mujeres que viven en grupos cercanos menstrúan en ciclos iguales y por lo tanto muchas se embarazaban en grupos al mismo tiempo; se descubrió que el carácter de las mujeres fluctúa con los ciclos lunares y fue así que se les conectó con la magia lunar sagrada.

Sin criaturas la sociedad no podría sobrevivir, así que los hombres de las tribus comenzaron a adorar a las mujeres embarazadas; a lo largo y ancho del mundo se han hallado estatuillas sagradas de mujeres embarazadas o diosas de la fertilidad.

Sin más opción que buscar cómo sanar a su tribu, las mujeres nómadas experimentaban con raíces, hojas y cortezas de árboles, flores y frutos. Cuando el fuego se descubrió comenzaron a mezclar y cocinar estos remedios, ¡para las comunidades esto era mágico! Así que, insiste Briffault, ellas fueron las inventoras alquimistas y guardianas de las pociones curativas, medicinas y venenos.

Durante siglos hombres y mujeres buscaban la protección de la Diosa Madre. Luego ellas fueron adoradas y se crearon altares y capillas donde algunas leían los oráculos y sanaban a las y los enfermos.

Conforme se fueron estableciendo las religiones monoteístas, el judaísmo, cristianismo e islamismo, cuyo principal y único Dios verdadero es un Hombre, se eliminó y prohibió la adoración de las mujeres, salvo las vírgenes sometidas a la palabra y obra de un Dios masculino. A las mujeres se les comenzó a prohibir sistemáticamente participar en lo sagrado, en la medicina y la adivinación, convirtiendo poco a poco todas estas artes femeninas en especialidades masculinas "elegidas" por Dios para los hombres.

© 2003 Esta BOCA es Mía. Derechos Reservados.