Año 3 Numero 14 Diciembre-Febrero, 2003-2004  




La pobreza se respira por todos lados, desde los rincones oscuros hasta el centro de la casa. El desorden se palpa sobre ese siempre húmedo suelo que de tanto pisar tiene un pálido brillo, y los olores, siempre presentes, enseñan a una que en esas situaciones los orines y la comida podrida delatan el abandono de seres y cosas. En este espacio de doce metros cuadrados vive con sus recuerdos Luciana Hoil Uc, una mujer de Tulum.

Con el peso de sus casi cien años que le cascorvan las piernas, con su escaso cabello canoso que recoge en un "tuchito" en la nuca, doña Luciana repite orgullosa, una y otra vez, que ella es macehual, este histórico término con el que se autodenominan las y los mayas descendientes de aquellos rebeldes, que pelearon desde 1847 por un territorio libre y una vida justa. Su primer esposo, José Pool, originario del pueblo Santo de Tulum, participó en los últimos combates que los mayas sostuvieron contra el ejército mexicano; y fue al regresar de una de estas escaramuzas que "agarró mal viento", y murió, paradójicamente, acostado en su hamaca.

Doña Luciana volvió a casarse y procreó nueve hijos con el capitán de la guardia de la Santa Cruz, don Siberio Chin. Y por décadas su vida transcurrió como la de todas las mujeres del grupo: criando hijos, echando tortillas, alimentando gallinas y cerdos, ayudando en la siembra y recolecta de la milpa. Como experta partera, recibió a decenas de niños, sobó cuerpos adoloridos y estrujados, y participó activamente como vaquera en las fiestas y rituales del santuario de la Cruz de Tulum.

Quedaron atrás sus primeros años en el ya abandonado y desaparecido poblado rebelde de Naranjal, "a dos leguas de aquí, rumbo al Cenote Azul", dice ella. Ahí murieron su padre y madre -sus recuerdos no alcanzan a encontrar la causa. Luciana fue adoptada por el entonces patrono del Santo, el sacerdote Antonio Ek, su padrino, quien en línea directa sucedió a la legendaria María Uicab, la única mujer sacerdotisa, de la que se tenga memoria al menos, que participó y encabezó la rebelión maya en esta porción de la costa del Caribe. La nueva familia de Luciana se establece en el pueblo de Tulum "para estar más cerquita de la iglesia" maya. Luciana juega, crece y comparte las tradiciones culturales del grupo junto a su "hermanito" Juan, heredero de los conocimientos religiosos de su padre, que a la postre lo convirtieron en el sacerdote de Tulum. Hoy día, Don Juanito Ek, toda una institución en la jerarquía religiosa militar de los mayas, es respetado por todos los jefes, oficiales y chen gente de los cinco santuarios macehuales de Quintana Roo, y sobrevive dolorosamente a una enfermedad: la pobreza.

En esos días, Tulum, el pueblo, no era más que un pequeño caserío disperso entre la selva y la costa, habitado por un puñado de mujeres y hombres mayas dedicados a cultivar sus incipientes milpas, y a cumplir los rituales dedicados al Santo: la sagrada Cruz de Tulum, refugiada celosamente en la pequeña iglesia de bajareque y techo de guano. Muy pronto este Santo, testigo mudo de intensas historias, tuvo que migrar y refugiarse temporalmente, junto con su fiel sacerdote Don Juan, en el santuario de X'cacal Guardia: el motivo de la migración fueron las señales interpretadas por los h-menoob, y por las enfermedades epidémicas que habían diezmado a la población y que hacían cumplir las profecías de Florentino Cituk, sacerdote del santuario de Chunpom, que vaticinaba estos desastres por no haber continuado la guerra contra los huaches.

En 1987, tras una larga caminata por la selva, y acompañada de una nutrida procesión de jefes, oficiales, chen gente, mujeres y niños, entre los que se encontraba doña Luciana, el Santo de Tulum regresó a su casa, la original. Pero el poblado ya no era el mismo, y no volvió a serlo. Hoy día, Luciana Hoil, más pobre que pobre y más sola que nunca, al igual que todos los y las mayas del grupo, que no son más de trescientos, contempla atónita el paso de tanta gente de lenguas extrañas, que llega en manojos a este punto geográfico señalado en folletos turísticos, agencias de viajes internacionales y páginas web.

, representado por dos mil visitantes diarios a la zona arqueológica, medio centHoy, esta mujer de Tulum se formula preguntas sin respuestas ante el fenómeno del turismoenar de hoteles, decenas de restaurantes, tiendas de artesanías, casas de cambio, y un número considerable de inmigrantes mestizos que engrosan los censos, y que cada vez cercan más, y marginan a la sociedad maya y a su cultura como a un ghetto.

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