Uno de cada 100 niños y niñas del mundo están condenados a muerte debido a las lesiones producto de la violencia familiar, advirtió hoy Arturo Perea, funcionario de la Clínica de Atención Integral del Niño Maltratado, del Instituto Nacional de Pediatría (INP).
El experto observó que la violencia contra menores es reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un problema de salud pública, por lo que llamó a los profesionales en la materia a detectarla y tratar de prevenirla. Perea dijo, que la agresión puede ocurrir desde antes del nacimiento, lo que pone en riesgo la integridad de miles de niñas y niños en el país.
Clasificó la violencia en: maltrato físico, abuso sexual, maltrato psicológico, negligencia, abandono, niños de la calle, abuso fetal, maltrato étnico, niños de la guerra, explotación sexual y pornografía infantil, entre otros.
Reveló que dos manifestaciones de la violencia contra las y los menores están siendo analizados por especialistas a nivel mundial.
Síndrome del Niño Sacudido y el de Münchausen por Poder. El primero es un grave maltrato físico que puede afectar la masa encefálica de menores de cuatro años, quienes son las principales víctimas. Estas sacudidas violentas pueden provocar ruptura de vasos sanguíneos que pueden derivar en estado de coma o incluso lesiones craneales, explicó.
Presumió que ocho de cada 10 lesiones craneales en infantes pudieran ser consecuencia de violencia familiar. Otros efectos de este síndrome son la epilepsia, el retraso mental, y la ceguera, aunque indicó que nunca se logra identificar al agresor y se carece de elementos para consignar a los victimarios ante el Ministerio Público.
En el segundo caso, Münchausen por Poder dijo, que se conocen 16 casos en el INP y consiste en inventar enfermedades que son falsas en los menores, lo que incluye falsificación de pruebas de laboratorio.
El experto agregó, que hay indicadores que ayudan a detectar si las lesiones son producto de la violencia o por un accidente y señaló como ejemplo las fracturas múltiples, cicatrices antiguas, mala higiene del menor, desnutrición, bajo rendimiento escolar, falta de vacunas, retardo en la atención médica, convivencia con padrastros, alcoholismo y drogadicción.