Año 3 Numero 14 Diciembre-Febrero, 2003-2004  




Definitivamente el tema de cómo hablar de sexualidad con nuestros hijos e hijas es algo que nos inquieta a la mayoría de los padres, sobre todo que ahora se tiene muy fácil el acceso a la información. Si nuestra intención es formar valores y actitudes que permitan vivenciar la sexualidad propia y la de los demás de manera sana y responsable, se requiere abordar el tema específico de la curiosidad sexual infantil y cómo los padres podemos responder adecuadamente a ella, en esta etapa del desarrollo de nuestros hijos e hijas. La manera en que los adultos respondamos a las preguntas y la forma como reaccionemos ante comportamientos de carácter sexual de nuestros hijos e hijas, influirá en sus actitudes y su conducta sexual en el futuro. Las actitudes cotidianas de los miembros de la familia en torno a los roles masculinos y femeninos, como también las manifestaciones afectivas y de valores forman parte de la educación de la sexualidad.

La educación de la sexualidad comienza desde el nacimiento y no se restringe a la información biológica sobre la anatomía del hombre y la mujer o al proceso reproductivo, sino que debe incluir los aspectos éticos, psicológicos, culturales y sociales.

Entre el segundo y tercer año de vida los niños y niñas aprenden a controlar esfínteres y en este período experimentan placer al retener y evacuar la orina y las evacuaciones; también sienten interés y curiosidad por jugar con sus genitales y explorar su cuerpo. En esta etapa descubren que tocar sus genitales resulta placentero, actividad que responde a la necesidad de conocer el propio cuerpo. En algunos niños o niñas esta curiosidad y autoexploración de sus genitales se convierte en una actividad más recurrente, llamada masturbación infantil, la cual se distingue de la masturbación que ocurre en la adolescencia o adultez, porque no está acompañada de fantasías eróticas ni de orgasmo.

Habitualmente las y los pequeñines entre cuatro y seis años no tienen inhibiciones sexuales, sino curiosidad y asombro. El verse desnudos bañándose y desvistiéndose, entre hermanos y hermanas, es una ocasión de conocer en el cuerpo del otro, su propio cuerpo.

Lo mismo ocurre cuando contemplan nuestros cuerpos desnudos (padre y madre); su curiosidad e interés por las formas corporales y por los genitales de los otros, les permiten percibir diferencias, semejanzas y anticipar el futuro de su propia imagen corporal sexual. La elección de pareja es otro hecho que se va preparando desde que niños y niñas ven cómo los padres y otras parejas se relacionan y comienzan a imitar a través de sus juegos.

Así como el sexo forma parte de los juegos y conversaciones de niños y niñas, la curiosidad también se expresa a través de preguntas sobre la sexualidad, que muchas veces nos ponen en aprietos a los adultos.

Cuando niños y niñas comienzan a descubrir sus genitales, a mostrar curiosidad por el cuerpo de sus amigos o amigas, a preguntar sobre aspectos de la reproducción humana, requieren de nosotros actitudes, comportamientos e información que les permitan vivenciar estas inquietudes de manera sana y adecuada.

En ocasiones a los padres nos incomoda conversar con nuestros hijos o hijas sobre sexualidad, la mayoría de las veces es porque nosotros mismos estamos mal informados al respecto. La masturbación es un tema tabú, se le ha atribuido consecuencias negativas para la salud física y mental, además de uno que otro mito. Hay quienes piensan que la masturbación hace perder la virginidad, o que puede causar esterilidad en el varón, o que desarrolla en exceso la fantasía erótica, entre otras. Sin embargo, estas creencias en su mayoría no tienen fundamento científico. Estudiosos del tema señalan que la masturbación no sólo marca una etapa importante en el desarrollo de la sexualidad en la infancia y adolescencia, sino que también permite, especialmente en el caso de la mujer, conocer su propio cuerpo y su potencial de placer. Se sabe que se da con bastante frecuencia más en hombres que en mujeres y especialmente en ciertos períodos de la vida.

Si por algún motivo consideramos que la conducta masturbatoria es demasiado recurrente, lo más adecuado es distraer al niño/a y después indagar qué es lo que lo/a impulsa a ello. La masturbación puede ser, por ejemplo, la forma que ha descubierto el niño/a para relajar tensiones; más que intentar eliminar la masturbación, es necesario eliminar las tensiones.

La masturbación puede ser también una alternativa de placer para niños o niñas que sufren limitaciones en su vida social, en el juego, con los amigos, etc. Con frecuencia esta es una etapa que se supera en forma espontánea.

En todo caso, si reaccionamos de modo castigador, o si hacemos a los niños/as sentirse culpables por sus juegos sexuales no garantiza que estas conductas se eliminen; más probable es que se sigan haciendo a escondidas. Además de que les haremos creer que están haciendo algo "malo" y, probablemente esto afecte su vida sexual cuando sea adulto.

Una comunicación abierta y permanente entre padres e hijos/as, así como una actitud alerta y observante por parte de los adultos, permite ir ayudando a niños y niñas a identificar sus placeres, temores y vergüenzas, así como también facilita dialogar acerca del pudor y la intimidad.

Los mensajes para nuestros hijos/as serán mejor acogidos si son entregados con naturalidad, cuando el niño/a lo requiera o la situación lo amerite. Es recomendable que hablemos enfatizando lo que puede hacer en lugar de destacar lo prohibido.

Las actitudes positivas relación al cuerpo contribuyen a desarrollar en niños y niñas una sana identidad sexual. Sin embargo, es preciso tener presente y mostrar que existen ciertos límites en cuanto a la privacidad y el respeto por la intimidad de cada uno de los miembros de la familia. Así también, es fundamental orientarlos para distinguir cuáles son las caricias aceptables y cuáles no lo son; desde pequeños los niños/as, con el apoyo y ayuda nuestra, deben saber que nadie tiene derecho a tocar sus genitales o a realizar con ellos prácticas contra su voluntad.

La curiosidad e inocencia de los niños y niñas de esta edad, tiene el riesgo de hacerlos víctimas de abuso sexual, el cual puede ser perpetrado a través de distintas conductas. En la medida que exista cercanía y confianza entre padres y madres con nuestros hijos e hijas, será más fácil ayudarlos a prevenir, enfrentar y comunicar una situación de abuso.

Tomado de: Manual de Sexualidad, Santiago,Chile.

 

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