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MARTA, FOX, LO PUBLICO
Y LO PRIVADO
La cosecha
de 30 meses
Eduardo Ibarra Aguirre/CIMAC
eduardoibarra@prodigy.net.mx
No son pocos los
colegas que argumentan que se está invadiendo
de manera indecorosa la vida privada de la pareja,
la misma que Vicente Fox anunció con bombo
y platillo como "presidencial", con
motivo de la entrada en circulación de
la tercera y cuarta biografías sobre Marta
Sahagœn de Fox: Marta, de Rafael Loret de
Mola, y La Jefa, de Olga Wornat.
Con independencia
de los contenidos, informaciones y estilos de
ambos libros y autores, me parece un recurso ortodoxo
descalificarlos con el manido argumento de la
vida privada que tienen los hombres y mujeres
pœblicos.
En efecto, la tienen.
Pero no es una muralla china la que separa los
dos ámbitos. Más bien es una sutil
y tenue línea fronteriza que con frecuencia
es confundida en dependencia de la conducta misma
que adopten los actores políticos, financieros,
castrenses, religiosos...
El primero que tiene
que subrayar el ámbito de su vida privada
es el hombre público. Y la œnica manera
es no haciendo del conocimiento público
lo que corresponde al ámbito privado de
su vida.
Pero Marta Sahagœn
Jiménez y Vicente Fox Quesada pronto cumplirán
30 meses sobreponiendo a los medios de comunicación
social, particularmente a los electrónicos,
y por medio de ellos a la sociedad entera, sus
familias, matrimonios, creencias y prácticas
religiosas, desavenencias con el Vaticano y la
jerarquía católica mexicana, ultrasonidos,
arrumacos y besos en cadena nacional, nietos,
bodas y no sé cuántos etcéteras
más.
Al parecer ya se
nos olvidó que el primero de diciembre
del 2000, en la toma de posesión como presidente
de la República, el padre de familia Vicente
Fox en primera instancia se dirigió a su
prole.
Solemnidades aparte,
se trataba de un acto en la sede del Congreso
de la Unión y con la participación
de los otros dos poderes para que asumiera la
Presidencia de la República. No, no era
una reunión de los Fox-De la Concha ni
de los Bibriesca-Sahagún en el rancho de
San Cristóbal para departir con la parentela.
En la misma jornada,
no olvidemos el Cristo que le obsequió
Ana Cristina en el montaje teatral del Auditorio
Nacional, para los miles de invitados que no cupieron
en San Lázaro. Su hija le puede regalar
lo que le dé la gana. Lo que no se vale
es hacer politiquer’a con las creencias
religiosas.
Y si las hacen valer, que luego no se escandalicen
con la burla y el escarnio de que son objeto por
un protagonismo voraz y provinciano, ranchero
e ignorante.
Están cosechando
exactamente lo que sembraron en 30 meses sin recato
y prudencia para diferenciar su vida pública
y la privada, que bajo el argumento de la frescura
y el cambio, la ruptura con los rituales del
priato, imponen a la sociedad con la anuencia
del oligopolio televisivo a su servicio, gracias
a los 13 mil millones de pesos que anualmente
se ahorran con el decretazo del 10 de octubre
del año pasado.
El "reality
show" en el que parece desenvolverse la autodenominada
pareja presidencial dará para muchas biografías
más, incluidas las precoces y a modo como
Marta, la fuerza del espíritu. La historia
del nacimiento de un ideal para cambiar una nación,
de Sari Bermúdez y que costó al
país la presidencia del CONACULTA y un
comisionado del Consejo Nacional contra las Adicciones,
a cargo de Guido Belsasso, marido de la matamorense
Nervioso
y desatinado como se le percibe hace tiempo, el
presidente Fox asegura: "Hoy en México
se puede opinar, se puede decir, se puede calumniar
y se puede hablar con absoluta libertad, salvo
cuando no se respeten las leyes".
La calumnia y la
difamación están penadas en la legislación,
por ejemplo en la vetusta y preconstitucional
Ley de Imprenta, y el Presidente de la República
no tiene atribución alguna para sustituir
al Legislativo y enmendar las leyes, menos para
abolirlas sin que aquél intervenga.
Si lo que pretende
es atribuirse el cambio en materia de libertad
de expresión, se equivoca, pues esa puja
es de larga data, además de que esos aires
aún no se respiran en Televisa ni en Televisión
Azteca, quienes rigen
sus relaciones con Los Pinos bajo las viejas y
arcaicas reglas del juego.
Y si pretende inhibir
la crítica, cometería un desatino
mayœsculo.
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