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Las y los médicos,
las enfermeras y la violencia
Para
acabar con la violencia doméstica, uno
de los mayores riesgos para la salud femenina,
necesitamos de trabajo interdisciplinario, el
papel de médicos y enfermeras en México,
que aœn no es tomado tan en serio como debería.
¿Muy
machito?
Un
grave problema en este tema es el de los mitos.
El estereotipo del agresor no se corresponde la
mayoría de veces con la realidad. Muchos
médicos y personal de salud, todavía
creen que el individuo que maltrata a su mujer
es alguien con aspecto agresivo, dominante y muy
macho. Otros sospechan que los agresores son los
pacientes más pobres, con menos cultura
o pertenecientes a grupos raciales a los que creen
violentos y patriarcales. Adoptar este tipo de
prejuicios impide la detección del agresor,
ya que es imposible reconocer a la mayoría
de ellos en una multitud. No suelen mostrar en
pœblico ni rastro de violencia y parecen
educados, razonables y agradables.
Cuando la policía llega a una casa donde
ha habido un altercado violento, el agresor suele
parecer mucho más calmado y racional que
la mujer. Dado que la violencia hace más
daño psicológico a la víctima,
ella suele presentar signos de desequilibrio mental.
Palabras
clave
Segœn
las y los especialistas, hay que estar alerta
a una serie de palabras clave que los agresores
suelen utilizar para hablar de su propia violencia
("pelea", "perder el control",
"rabia", "defensa propia",
"beber") o para hacer referencias despectivas
a su mujer. La o el médico también
puede hacer cierto tipo de preguntas como: ¿Qué
pasa cuando se pelean? ¿Han llegado usted
o su esposa a herirse en una pelea alguna vez?
.La eficacia de estas preguntas es mayor si el
tono empleado es de cariño y preocupación.
No debe ser acusador y hay que dejar claro que
el médico está preocupado por la
salud y el bienestar del paciente y de su familia.
Algun@s médicos no se sienten cómodos
haciendo este tipo de preguntas sobre violencia
doméstica porque creen que molestarán
a los y las pacientes. Sin embargo, muchos agresores
se sienten culpables y preocupados por su problema
y sienten alivio cuando se les pregunta sobre
el tema. Lo ideal sería que se formularan
de manera rutinaria. Podrían incluirse
en los cuestionarios médicos que hay que
rellenar para registrarse en un centro de salud
o en un hospital (Norma Oficial de Salud)
Restar
importancia
Hay que tener en cuenta que la mayoría
de agresores minimiza el nœmero de veces
y la gravedad de sus actos violentos. Este comportamiento
adopta varias formas:
a) Acusan a sus víctimas de que mienten
cuando los denuncian. Sin embargo, se ha comprobado
que éstas tienden a reducir la gravedad
de las agresiones que sufren para evitar represalias
posteriores.
b) Definen su comportamiento como no violento.
El concepto de violencia varía ampliamente
segœn el entorno social, familiar y cultural
del individuo. En un grupo de tratamiento, uno
de los agresores dijo: "Nunca pensé
que estaba siendo violento con ella porque nunca
la pegué como a un hombre. [Siempre la
había abofeteado en lugar de darle golpes
con el puño cerrado]".
Excusas
Muchos
agresores se refugian en las excusas para evitar
las consecuencias jurídicas o sociales.
Por ejemplo, dicen que estaban fuera de control
o que fue una locura temporal pero que no volverá
a suceder. Adams cree que, lejos de ser irracional,
la violencia le sirve al agresor para ganar y
mantener el control sobre su víctima. "Con
sus ataques de ira, aparentemente espontáneos
e irracionales, los agresores no pierden el control
sino que lo ganan".
Este especialista pone el ejemplo del hombre que
acusa violentamente a su pareja de tener aventuras
o de pasar demasiado tiempo con otras personas,
pero que se arrepiente inmediatamente y le pide
perdón. Esta escena se repite frecuentemente,
y como resultado, la víctima acaba reduciendo
sus visitas a familiares o amigos por miedo de
que él se enfade o aumenten sus sospechas.
Así, el individuo se beneficia de su comportamiento
aunque se disculpe después. Los ataques
impredecibles del agresor mantienen a la víctima
a la defensiva haciendo que ésta siempre
se anticipe a las necesidades de él y renuncie
a las propias.
Alcohol
y drogas
El
abuso de drogas y alcohol es responsable de buena
parte de la violencia doméstica. Sin embargo
hay autores que no creen que el alcohol cause
violencia, sino que el agresor bebe con la intención
de ser violento.
Tratamiento
Las
y los médicos que ven la violencia contra
la mujer como una enfermedad suelen enviar al
agresor (y a la víctima) a sesiones de
psicoterapia individual o familiar y, si procede,
a un tratamiento contra el alcoholismo. Pero,
según Adams y otros expertos en este tema,
los agresores no suelen ser enfermos mentales
y no deberían acudir a sesiones de psicoterapia
hasta que hayan pasado por un programa especialmente
diseñado para ellos y hayan dejado de ser
violentos.
"Además, no hay que suponer que cualquier
profesional de la salud mental está mucho
más capacitado para abordar la violencia
doméstica que lo está un médico
de familia para tratar a un paciente con cáncer",
añade Adams. Según este experto,
si el facultativo no está entrenado para
este tipo de situaciones puede provocar más
daño que beneficio.
No sería la primera vez que la comunidad
biomédica consigue poner fin a un problema
sanitario al que antes no se le había prestado
ninguna atención: "En los años
30, fueron los médicos los que develaron
que muchas de las personas heridas en los accidentes
de automóvil, estaban intoxicadas con alcohol.
Gracias a esto, el nœmero de accidentes de
coche por estas causas ha disminuido y miles de
vidas se han salvado", dice Brookoff. "Podemos
tener el mismo impacto sobre la muerte y los daños
f’sicos por violencia familiar si decidimos
que es un problema de salud y no sólo social".
Detectar
a las víctimas
Hay
más visitas a las salas de urgencias de
los hospitales a causa de malos tratos a mujeres,
que por accidentes, violaciones y asaltos juntos,
segœn un estudio realizado en EEUU. Pero
muchas de las víctimas pasan inadvertidas.
Unos investigadores del Centro Médico de
Salud de Denver (Colorado) diseñaron un
cuestionario con tres preguntas para detectar
a las maltratadas. Se probó en 322 mujeres
que acudieron a los departamentos de urgencias
del hospital General de Denver y del hospital
Universitario en el verano de 1994. Las mujeres
fueron sometidas también a otras dos pruebas
que se utilizan habitualmente para identificar
signos de violencia: el êndice de Abuso
de la Pareja, que mide la gravedad del abuso físico
y no físico inferido en la pareja, y la
Escala de Tácticas de Conflicto, que mide
el uso de razonamiento, agresión verbal
y violencia física empleada para resolver
los conflictos de familia.
Segœn los autores del estudio, su cuestionario
de sólo tres preguntas resultó muy
efectivo y fue mucho más rápido
que las otras técnicas. Detectaron al 71.4%
de las maltratadas. Este cuestionario, llamado
Test de Violencia en la Pareja, dice:
1) ¿Le ha golpeado alguien de alguna forma
(bofetadas, patadas, etcétera) en el último
año? Si ha sido así, ¿quién
lo hizo?
2) ¿Se siente a salvo en su relación
de pareja actual?
3) ¿Existe algœn ex marido o ex compañero
que le haga sentir insegura?
Los autores del estudio concluyen que a todas
las mujeres que acuden a urgencias se les debería
preguntar por la violencia doméstica, sin
tener en cuenta cuál es su actual situación
marital. "Si se detecta que sufren agresiones
en casa debe incluirse esta información
en su informe médico y ofrecerle apoyo,
consejo y protección para el futuro",
escriben los autores. Para la doctora Kim Fedhalus,
directora del estudio, la violencia no se acaba
al finalizar la relación. "Al contrario,
la mitad de las mujeres que llega a urgencias
por malos tratos tiene miedo de una antigua pareja".
En México el trabajo para detectar la violencia
debe comenzar en las salas de urgencia, cuando
las y los médicos se comprometan a utilizar
la Norma Oficial de Salud para detectar la violencia
doméstica.
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