Año 2 Numero 11 Julio-Junio, 2003





SALUD

Las y los médicos, las enfermeras y la violencia

Para acabar con la violencia doméstica, uno de los mayores riesgos para la salud femenina, necesitamos de trabajo interdisciplinario, el papel de médicos y enfermeras en México, que aœn no es tomado tan en serio como debería.

¿Muy machito?

Un grave problema en este tema es el de los mitos. El estereotipo del agresor no se corresponde la mayoría de veces con la realidad. Muchos médicos y personal de salud, todavía creen que el individuo que maltrata a su mujer es alguien con aspecto agresivo, dominante y muy macho. Otros sospechan que los agresores son los pacientes más pobres, con menos cultura o pertenecientes a grupos raciales a los que creen violentos y patriarcales. Adoptar este tipo de prejuicios impide la detección del agresor, ya que es imposible reconocer a la mayoría de ellos en una multitud. No suelen mostrar en pœblico ni rastro de violencia y parecen educados, razonables y agradables.
Cuando la policía llega a una casa donde ha habido un altercado violento, el agresor suele parecer mucho más calmado y racional que la mujer. Dado que la violencia hace más daño psicológico a la víctima, ella suele presentar signos de desequilibrio mental.

Palabras clave

Segœn las y los especialistas, hay que estar alerta a una serie de palabras clave que los agresores suelen utilizar para hablar de su propia violencia ("pelea", "perder el control", "rabia", "defensa propia", "beber") o para hacer referencias despectivas a su mujer. La o el médico también puede hacer cierto tipo de preguntas como: ¿Qué pasa cuando se pelean? ¿Han llegado usted o su esposa a herirse en una pelea alguna vez? .La eficacia de estas preguntas es mayor si el tono empleado es de cariño y preocupación. No debe ser acusador y hay que dejar claro que el médico está preocupado por la salud y el bienestar del paciente y de su familia.
Algun@s médicos no se sienten cómodos haciendo este tipo de preguntas sobre violencia doméstica porque creen que molestarán a los y las pacientes. Sin embargo, muchos agresores se sienten culpables y preocupados por su problema y sienten alivio cuando se les pregunta sobre el tema. Lo ideal sería que se formularan de manera rutinaria. Podrían incluirse en los cuestionarios médicos que hay que rellenar para registrarse en un centro de salud o en un hospital (Norma Oficial de Salud)

Restar importancia

Hay que tener en cuenta que la mayoría de agresores minimiza el nœmero de veces y la gravedad de sus actos violentos. Este comportamiento adopta varias formas:
a) Acusan a sus víctimas de que mienten cuando los denuncian. Sin embargo, se ha comprobado que éstas tienden a reducir la gravedad de las agresiones que sufren para evitar represalias posteriores.
b) Definen su comportamiento como no violento. El concepto de violencia varía ampliamente segœn el entorno social, familiar y cultural del individuo. En un grupo de tratamiento, uno de los agresores dijo: "Nunca pensé que estaba siendo violento con ella porque nunca la pegué como a un hombre. [Siempre la había abofeteado en lugar de darle golpes con el puño cerrado]".

Excusas

Muchos agresores se refugian en las excusas para evitar las consecuencias jurídicas o sociales. Por ejemplo, dicen que estaban fuera de control o que fue una locura temporal pero que no volverá a suceder. Adams cree que, lejos de ser irracional, la violencia le sirve al agresor para ganar y mantener el control sobre su víctima. "Con sus ataques de ira, aparentemente espontáneos e irracionales, los agresores no pierden el control sino que lo ganan".
Este especialista pone el ejemplo del hombre que acusa violentamente a su pareja de tener aventuras o de pasar demasiado tiempo con otras personas, pero que se arrepiente inmediatamente y le pide perdón. Esta escena se repite frecuentemente, y como resultado, la víctima acaba reduciendo sus visitas a familiares o amigos por miedo de que él se enfade o aumenten sus sospechas.
Así, el individuo se beneficia de su comportamiento aunque se disculpe después. Los ataques impredecibles del agresor mantienen a la víctima a la defensiva haciendo que ésta siempre se anticipe a las necesidades de él y renuncie a las propias.

Alcohol y drogas

El abuso de drogas y alcohol es responsable de buena parte de la violencia doméstica. Sin embargo hay autores que no creen que el alcohol cause violencia, sino que el agresor bebe con la intención de ser violento.

Tratamiento

Las y los médicos que ven la violencia contra la mujer como una enfermedad suelen enviar al agresor (y a la víctima) a sesiones de psicoterapia individual o familiar y, si procede, a un tratamiento contra el alcoholismo. Pero, según Adams y otros expertos en este tema, los agresores no suelen ser enfermos mentales y no deberían acudir a sesiones de psicoterapia hasta que hayan pasado por un programa especialmente diseñado para ellos y hayan dejado de ser violentos.
"Además, no hay que suponer que cualquier profesional de la salud mental está mucho más capacitado para abordar la violencia doméstica que lo está un médico de familia para tratar a un paciente con cáncer", añade Adams. Según este experto, si el facultativo no está entrenado para este tipo de situaciones puede provocar más daño que beneficio.
No sería la primera vez que la comunidad biomédica consigue poner fin a un problema sanitario al que antes no se le había prestado ninguna atención: "En los años 30, fueron los médicos los que develaron que muchas de las personas heridas en los accidentes de automóvil, estaban intoxicadas con alcohol. Gracias a esto, el nœmero de accidentes de coche por estas causas ha disminuido y miles de vidas se han salvado", dice Brookoff. "Podemos tener el mismo impacto sobre la muerte y los daños f’sicos por violencia familiar si decidimos que es un problema de salud y no sólo social".

Detectar a las víctimas

Hay más visitas a las salas de urgencias de los hospitales a causa de malos tratos a mujeres, que por accidentes, violaciones y asaltos juntos, segœn un estudio realizado en EEUU. Pero muchas de las víctimas pasan inadvertidas. Unos investigadores del Centro Médico de Salud de Denver (Colorado) diseñaron un cuestionario con tres preguntas para detectar a las maltratadas. Se probó en 322 mujeres que acudieron a los departamentos de urgencias del hospital General de Denver y del hospital Universitario en el verano de 1994. Las mujeres fueron sometidas también a otras dos pruebas que se utilizan habitualmente para identificar signos de violencia: el êndice de Abuso de la Pareja, que mide la gravedad del abuso físico y no físico inferido en la pareja, y la Escala de Tácticas de Conflicto, que mide el uso de razonamiento, agresión verbal y violencia física empleada para resolver los conflictos de familia.
Segœn los autores del estudio, su cuestionario de sólo tres preguntas resultó muy efectivo y fue mucho más rápido que las otras técnicas. Detectaron al 71.4% de las maltratadas. Este cuestionario, llamado Test de Violencia en la Pareja, dice:
1) ¿Le ha golpeado alguien de alguna forma (bofetadas, patadas, etcétera) en el último año? Si ha sido así, ¿quién lo hizo?
2) ¿Se siente a salvo en su relación de pareja actual?
3) ¿Existe algœn ex marido o ex compañero que le haga sentir insegura?
Los autores del estudio concluyen que a todas las mujeres que acuden a urgencias se les debería preguntar por la violencia doméstica, sin tener en cuenta cuál es su actual situación marital. "Si se detecta que sufren agresiones en casa debe incluirse esta información en su informe médico y ofrecerle apoyo, consejo y protección para el futuro", escriben los autores. Para la doctora Kim Fedhalus, directora del estudio, la violencia no se acaba al finalizar la relación. "Al contrario, la mitad de las mujeres que llega a urgencias por malos tratos tiene miedo de una antigua pareja".
En México el trabajo para detectar la violencia debe comenzar en las salas de urgencia, cuando las y los médicos se comprometan a utilizar la Norma Oficial de Salud para detectar la violencia doméstica.

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