|
LIBRES
Claudia Melhado
Anoche
me inspiró tu cuerpo tendido sobre la cama,
cada parte con su propio peso: tus manos, tus
piernas, hasta tu cabello podía permitirse
ser tal cual es. También fue tu cara la
culpable, no, tu expresión si quiero ser
precisa... y sí quiero serlo para darte
la clara idea de mi sueño atolondrado.
Tu gesto: tu boca ligera, tus cejas en paz por
primera vez en el día y tus ojos... es
la libertad de tus ojos cerrados la que me invita
a ver lo que estás pensando. Acerco mi
nariz para oler tu piel, delicioso dulce, inexplicable,
extasiante... Me quedé pegada a tu piel
como sanguijuela alimentándose de su olor
mientras se hinchaban mis pulmones y todos mis
sentidos.
Recargo
mi mano sobre tu pecho y la dejo con todo su peso
sobre ti, como tú. Hasta el palpitar de
tu corazón se asoma con esa gracia de niño
confiado. Y no es el rozar de tu tersura la que
me excita porque nada se mueve en esta habitación,
todo está quieto, todo tu cuerpo y todo
mi cuerpo se tocan sin moverse.
Es
el recuerdo de tu roce lo que me confunde entre
mi sueño y el tuyo que estoy sintiendo.
Es
el recuerdo de tus ojos abiertos y tus manos tocado
mis senos; es el recuerdo de tu boca entreabierta
quit‡ndome el aliento. Entonces quisiera
volver al pasado y tenerte conmigo, solo para
mi mientras me revelo nuevamente tuya... pero
ahora que te veo dormido siento cómo apacible,
sin premuras ni conflictos, te encuentras flotando
en tu libertad, libre del día, libre de
mi, libre de ti mismo.
¿Y
cómo puedo así sabotear tu autonomía,
tan utópica independencia de ti y de lo
demás? Si es tu sencillo caminar y tu sonrisa
escandalosa lo que mueve mi enamorado sentir por
ti, ¿cómo puedo pretender, siquiera,
que detengas ahora la muestra más sutil
de esa liberación de si mismo?...
Así
mejor cerré los ojos y retiré el
peso de mi brazo sobre tu pecho, te dejé
sin nada alrededor que te detuviera; solo un par
de dedos entrelazados me unieron a ti y me llevaron
por ahí, por donde andabas, para disfrutar
libre de ti y libre de mí.
|