Año 2 Numero 11 Julio-Junio, 2003





50 años de sufragio femenino
Voto Si, ciudadanía plena NO

Mónica Díaz de Rivera
diazderiveramonica@hotmail.com

La propaganda política de la mayoría de

los partidos contendientes para las elecciones intermedias del pasado mes de Julio de 2003, estuvo dirigida conseguir el voto femenino. A cincuenta años de ser consideradas ante la ley como ciudadanas con derechos políticos y civiles, las mujeres seguimos siendo, en la gran mayoría de los casos, carnada electoral.
Es de llamar la atención la manera en que el Partido Acción Nacional (PAN), quien se destaca por contar entre sus filas con personas pertenecientes a los grupos conservadores del país, presentara en los listados electorales una aparente paridad, entre candidatos y candidatas contendientes para las diputaciones federales, siendo que la postura del partido se limitó siempre a cumplir o medio cumplir con las cuotas establecidas en el COFIPE.

Me queda claro que no se trata de la puesta en valor de las mexicanas, ni mucho menos de un gesto de reconocimiento a la capacidad y preparación de las militantes del PAN. Más bien considero que, de ser coherentes, la estrategia sigue estando dirigida a luchar por llevar a la Cámara Baja representantes, en este caso mujeres, que voten por las iniciativas y posturas retrógradas que suelen caracterizar a las y los miembros de su partido.

Las feministas sabemos, por las experiencias vividas, que no todas las mujeres que ostentan el poder garantizan ser dignas representantes del más del 50% de la población mexicana. Como dicen algunas: cuerpo de mujer no necesariamente significa cabeza de mujer.
Las y los militantes de Acción Nacional, Fox y su gabinete, perseveran en el intento de apropiarse de un discurso que dista mucho de pertenecerles, discurso a su forma de ver incluyente sólo por el hecho de nombrar a las mexicanas y mexicanos cuando utilizan una tribuna pública, dejando de lado que, al inicio del sexenio, el propio Secretario del Trabajo, Carlos Abascal, dejó ver las claras intenciones de mantener a las mujeres en el lugar menos accesible para la toma de decisiones: la cocina, así como las de regresar al ámbito doméstico a todas aquellas que contravenimos el orden establecido para la familia feliz y nos negamos a tener como destino un marido, la maternidad y la sumisión.
¿Pudieron las y los panistas haber cambiado en dos años su forma de pensar y convertirse en impulsores de los derechos de las mujeresé Si no es así, ¿qué las y los llevó a colocar a tantas candidatas en sus planillas?
En mi opinión, la estrategia es clara: pretenden seguir legislando y gobernando a favor de un modelo tradicional de familia y pasar por inadvertida la realidad de las familias reconstruidas o ampliadas; no quieren saber de uniones entre personas del mismo sexo y se empeñan en victimizar y regresar al redil a aquéllas mujeres que han optado por la jefatura de familia, olvidando que no todas las madres solteras lo son por abandono, pero tampoco ofreciendo alternativas para las que sí lo son.
Nací en el año que las sufragistas mexicanas alcanzaron su objetivo: lograr votar y ser votadas en y para las elecciones federales del país. Han pasado cincuenta años y todavía hay quienes consideran que las mujeres somos una minoría, un grupo vulnerable al que YA se le conceden ciertas prerrogativas, pero que requieren ser tratadas como menores de edad, salvo, obviamente, en épocas electorales donde nuestro voto sí cuenta. Valdría la pena reflexionar si queremos seguir siendo tratadas así en las próximas elecciones, cuando muchas tenemos claro que ni somos minoría, ni menores de edad y mucho menos vulnerables. Todas somos ciudadanas con derechos, sólo resta que todas nos atrevamos a ejercerlos, pese a quien le pese.

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