CONTRASTES
¿ EL DESEMPLEO COMO OPCION
DE VIDA?
De lo informal a lo subterráneo
Román González
En las pasadas tres
décadas, la Población Económicamente
Activa (PEA) creció
en 30 millones 285 mil 998 personas, mientras
sólo se gen
eraron
11 millones
218 mil 961 plazas laborales, lo que llevó
el desempleo acumulado a 19
millones 67 mil 37 personas.
Un
diagnóstico de la Universidad Obrera de
México (UOM), elaborado por la coordinadora
del Area de Investigación de esa institución,
Laura Juárez Sánchez, destaca que
del 1 de diciembre del 2000 al 1 de junio de 2002,
el déficit de generación de empleos
ascendió a dos millones 121 mil 228.
En
tanto, segœn el Manual de Cuentas Nacionales
de la Organización de las Naciones Unidas
(ONU), la economía informal está
conformada por aquellas personas que laboran como
vendedores ambulantes, artesanas, transportistas,
prestación de servicios domésticos,
así como el sexo-servicio.
En
ese sentido, la Organización Internacional
del Trabajo (OIT), señala que en México
existían en el año 2000, 25.5 millones
de personas empleadas en la economía informal,
de las cuales 17 millones eran hombres y ocho
millones 500 mil mujeres.
Pero
hay otra economía denominada subterránea,
que no es considerada estadísticamente,
pues se relaciona con actividades ilícitas,
tales como la producción y tráfico
de drogas, la piratería, evasión
fiscal, la usura, la
reventa de boletos, el comercio y transporte de
mercancías de contrabando, entre otras.
NO
ALCANZA EL SALARIO
La Encuesta Nacional de Empleo, elaborada por
el Instituto Nacional de Estadística, Geografía
e Informática (INEGI), señala que
entre 1993 y 2000 la población ocupada
que recibía hasta 103.2 pesos diarios,
equivalente a tres salarios mínimos, pasó
de 25 millones 135 mil 674 personas a 28 millones
374 mil 359.
Es
decir, aumentó la población ocupada
que no puede acceder a una Canasta Básica
Indispensable (CBI), equivalente a cuatro salarios
mínimos.
En
ese sentido, en su diagnóstico titulado:
Se desvaloriza el trabajo, se desvaloriza la vida...,
Juárez Sánchez revela que el número
de mujeres ocupadas que recibían hasta
tres salarios mínimos o no percibían
ingresos
por su trabajo, pasó de ocho millones 165
mil 128 personas en 1993, a 10 millones 452 mil
538 en el 2000.
Juárez Sánchez indica que el nœmero
de mujeres ocupadas que no cuentan con seguridad
social aumentó entre 1993 y 2000, al pasar
de seis millones 342 mil 273 personas a ocho millones
338 mil 407, lo que significó un aumento
del 31.5 por ciento.
En
lo que se refiere a prestaciones de Ley, también
aumentó la cantidad de personas que carecen
de seguridad social (IMSS o ISSSTE), no recibieron
aguinaldo, vacaciones pagadas, prima vacacional,
entre otras, al pasar de cinco millones 929 mil
64 en el 93, a siete millones 626 mil 34, en el
2000.
Sumado
a ello, la escasez de empleos y la amenaza latente
de la desocupación, ha servido de presión
a los patrones para reducir los derechos de la
clase trabajadora.
Con
ello, quienes no han sido despedidos o que lograron
colocarse en el mercado laboral, han visto violentados
sus derechos laborales, humanos, sociales y de
género, debido a que la mayoría
de los trabajos existentes son precarios.
Así,
la reestructuración económica a
la que ha sido sometida la economía mexicana,
ha generado un desempleo creciente y no recuperable.
Hoy, asume características alarmantes,
debido a que año con año, la demanda
de empleo generado por el crecimiento de la Población
Económicamente Activa (PEA), no es atendida.
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