¿Fue difícil dar este segundo paso?
Los grupos parlamentarios hicieron eco de una demanda ya muy socializada de abrir espacios para las mujeres. Y el consenso que se logró fue muy relevante, porque de las 20 iniciativas que se presentaron en materia electoral entre el 2000 y el inicio del proceso, la única que logró ser aprobada fue la de cuota de género. Dentro del ife había ya una aceptación muy generalizada, un reconocimiento de que esto era parte del avance democrático. Entonces simplemente buscamos que se hiciera la lectura más amplia, la más fuerte de la ley. Mi lectura era que la cuota debía ser en cada una de las dos formas de elegir representantes, en el conjunto de las cinco circunscripciones y en cada circunscripción, que al final sí hace una diferencia: la presencia femenina en la Cámara de Diputados pasó de 16% a 23%, lo que coloca a México en el cuarto lugar en cuanto a proporción de mujeres en los congresos nacionales de América Latina, sólo por debajo de Cuba (36%), Costa Rica (35%) y Argentina (31%).
¿Qué sigue? ¿Esperar a que se internalice el 30% y luchar luego por el 50%?
En la reforma del 2002 hay una precisión dentro de las argumentaciones que dice que las cuotas deben ser un asunto temporal, que solamente deben permanecer en la medida en que logren abrir los espacios, romper la exclusión para que posteriormente vayan participando las mujeres en la lucha por las candidaturas pluralmente igual que el hombre. No está previsto que vaya aumentándose la proporción, aunque dentro de los acuerdos que se han tomado en los grandes foros internacionales sí está que se vaya avanzando hacia un 35, 40, etcétera.
Los partidos el gran obstáculo
Pero el gran problema, acota de inmediato Jacqueline, está en la estructura de los partidos políticos. Son estructuras muy verticales, muy centralizadas, la inclusión de las mujeres se ha dado en las bases del trabajo, pero en los cuadros directivos no es igual de masivo el ingreso de mujeres. Ahí está uno de los grandes escollos, ahí está el gran obstáculo. Entonces tiene que haber un trabajo de las propias mujeres para ir abriendo espacios, para que haya más mujeres en los distintos niveles, de modo que siempre exista, digamos, materia prima de donde puedan salir las candidaturas. A buena parte de los partidos les pareció difícil encontrar a mujeres dentro de sus estructuras para cubrir la cuota.
Y conste que ha habido dos mujeres presidentas de partidos
Sí, pero yo estoy convencida de que son esfuerzos particulares y dotes excepcionales de liderazgo, pero no producto de estructuras internas equilibradas en su |
integración de género. En los comités ejecutivos nacionales de los principales partidos políticos hay un 30% de mujeres, e incluso en el pan, que ha sido el partido más resistente a las cuotas, es en donde hay más; pero hay que ver qué tipo de responsabilidades tienen las mujeres dentro del órgano de dirección de sus partidos, y vemos que las mujeres siguen ocupando carteras marginales.
¿Qué hay que hacer?
Hay efectivamente un trabajo de las mujeres por abrir espacios, una demanda por ocupar cada vez más cargos de mayor responsabilidad. Pero yo creo que hay que caminar en otro sentido. Hay una percepción generalizada de que las mujeres somos más honestas, de que somos capaces de realizar gestiones más efectivas, entonces se requiere de un trabajo adicional de las mujeres para ir documentando que la presencia nuestra agrega algo más a la acción política del ejercicio público. La presencia de la mujer no solamente debe ser percibida como un asunto de justicia, porque representamos la mitad de la población; creo que tiene que probarse que es un asunto de racionalidad en la gestión pública, que el hecho de que estén otras visiones, formas distintas de ver y hacer la política, va a enriquecer la política, a dar mayores posibilidades de que el ejercicio sea más plural, más deliberativo. Ese es el reto.
¿Eso coadyuvaría a formar la masa crítica de la que hablabas?
Yo creo que se puede impulsar a partir de dos grandes cosas: una, que se vaya fomentando la evaluación de la intervención de mujeres en la gestión pública, un rendimiento que sea evaluable y positivo, eso va a ser un elemento que va ampliar la convicción de la necesidad de abrir espacios; y la otra es la educación, sin duda alguna. En todas las encuestas que yo he revisado desde los 50 hasta ahora, está claro que es a través de la educación, a través de la formación, que las y los individuos aprenden prácticas democráticas, no teniendo miedo a la diferencia ni a la pluralidad ni a la tolerancia. Y claro, para que eso sea posible las mismas estructuras educativas tienen que irse modificando.
¿Cómo te vas del ife ?
Me voy muy contenta. Fue una gran experiencia que además la calidad de mis colegas hizo muy enriquecedora. Fue también un reto intelectual muy interesante, porque en las decisiones que tomábamos como cuerpo colegiado, se necesitaba llegar a convencer a los otros para llegar a la mayoría. Entonces una tenía que dar lo mejor, buscar las mejores herramientas para aportar algo a esa discusión y lograr que lo que se aprobara fuera lo mejor. Las gestiones tienen plazos, los plazos se acaban, y hay que concluirlos y concluirlos bien.

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