Año 3 Numero 13 Octubre-Noviembre, 2003  




Cecilia Lavalle
Ellas
en la Politica
Jacqueline
DEL ADJETIVO AL SUSTANTIVO
Peschard
Es una mujer de maneras suaves, de vestir discreto, de hablar pausado. No me la imagino queriendo protagonizar un acto público, y vaya que ha sido protagonista más de una vez. No me la imagino gritando exaltada, y sin embargo ha sabido defender con firmeza lo que cree. Se llama Jacqueline Peschard, la primera y única mujer consejera general del Instituto Federal Electoral.

Con una sólida formación académica -es socióloga por la unam y doctora en Ciencias Sociales por el Colegio de Michoacán- sustenta sus ideas con datos, cifras, estadísticas, pasadas previamente por su aguda reflexión y análisis. No teme llamarle a las cosas por su nombre, pero no lo hace desde la pasión sino desde la razón, lo cual le ha valido un prestigio bien ganado. En entrevista exclusiva dijo mucho más que esta boca es mía .

Ley no es igual a práctica social

Impulsora, junto con otras muchas, de la ley de cuotas, y profunda conocedora del tema y de sus impactos en otros países, señaló categóricamente: "La existencia de normas legales para permitir la participación efectiva de las mujeres en la vida política no significa que los derechos y las libertades se traduzcan inmediatamente en una práctica social efectiva. Es necesario que éstas se internalicen, que la ciudadanía se apropien de ellas para que formen parte del imaginario colectivo".

Y presentó algunas cifras: El promedio de representación política de las mujeres en América Latina apenas alcanza el 16%; la presencia actual de las mujeres en congresos locales alcanza un promedio de 15.1%, pero los contrastes son importantes porque mientras que en Quintana Roo se observa un 32% de representación femenina, en San Luis Potosí hay sólo casi el 4%; de las más de 300 gubernaturas que se han elegido en México en los últimos 50 años, únicamente 3 han sido ocupadas por mujeres y una de ellas, la de Yucatán, en calidad de interina; en 2002 apenas el 4% de los municipios estaban presididos por una mujer; en el ife, únicamente 5 de los 55 cargos superiores están ocupados por mujeres, y el promedio en sus contrapartes estatales alcanza un 19.8%, pero hay consejos electorales en los que no hay una sola mujer.

En general, la presencia femenina está "muy rezagada respecto al 30% que se recomienda para conformar lo que Drude Daherlup ha llamado una masa crítica , indispensable para que la agenda de las mujeres pueda ser realmente promovida y traducida en políticas y acciones públicas concretas. Una masa crítica que asegure que la representación

femenina pase de ser meramente descriptiva a convertirse en sustantiva".

Pero Jacqueline no se quedó con una sola cara de la moneda, igualmente dijo que pasaron varias décadas antes de que las mujeres votaran en número similar al de los varones y se interesaran en los aspectos políticos y públicos. "A principios de los noventa, el sexo había dejado de ser una variable determinante de la asistencia a las urnas, aunque las mujeres seguían estando alejadas de la política en un 38%, mientras que los varones solamente en un 27%. Para el 2001 la diferencia (al acudir a las urnas) entre los dos sexos prácticamente había desaparecido, mientras que el desinterés resistía a ceder: 39% de los hombres y 42% de las mujeres se mostraban apáticos frente a la política".

Sin embargo, observó la doctora Peschard, una serie de factores como mayor ingreso de las mujeres al mercado de trabajo, a la educación, su inserción en movimientos sociales, y procesos de consolidación democrática en diversos países desembocaron en la demanda de las mujeres de mayores oportunidades para incidir en la toma de decisiones; y es el final del siglo pasado el que estuvo marcado por la búsqueda de mecanismos de acción afirmativa para ampliar los espacios de liderazgo político de las mujeres. "Fueron necesarios más de 30 años para que en nuestro continente se generalizara el reconocimiento del estatuto ciudadano para las mujeres. En cambio, en un plazo de poco más de 10 años, doce países de nuestro subcontinente han adoptado la fórmula de cuotas y algunos las han revisado para hacerlas más efectivas. México es un buen ejemplo, pues en 1996 se introdujo en el código electoral un ordenamiento genérico y en 2002 éste fue reformado para dar mayor precisión a la fórmula y hacerla más efectiva".

¿Fue difícil dar este segundo paso?
Los grupos parlamentarios hicieron eco de una demanda ya muy socializada de abrir espacios para las mujeres. Y el consenso que se logró fue muy relevante, porque de las 20 iniciativas que se presentaron en materia electoral entre el 2000 y el inicio del proceso, la única que logró ser aprobada fue la de cuota de género. Dentro del ife había ya una aceptación muy generalizada, un reconocimiento de que esto era parte del avance democrático. Entonces simplemente buscamos que se hiciera la lectura más amplia, la más fuerte de la ley. Mi lectura era que la cuota debía ser en cada una de las dos formas de elegir representantes, en el conjunto de las cinco circunscripciones y en cada circunscripción, que al final sí hace una diferencia: la presencia femenina en la Cámara de Diputados pasó de 16% a 23%, lo que coloca a México en el cuarto lugar en cuanto a proporción de mujeres en los congresos nacionales de América Latina, sólo por debajo de Cuba (36%), Costa Rica (35%) y Argentina (31%).

¿Qué sigue? ¿Esperar a que se internalice el 30% y luchar luego por el 50%?
En la reforma del 2002 hay una precisión dentro de las argumentaciones que dice que las cuotas deben ser un asunto temporal, que solamente deben permanecer en la medida en que logren abrir los espacios, romper la exclusión para que posteriormente vayan participando las mujeres en la lucha por las candidaturas pluralmente igual que el hombre. No está previsto que vaya aumentándose la proporción, aunque dentro de los acuerdos que se han tomado en los grandes foros internacionales sí está que se vaya avanzando hacia un 35, 40, etcétera.

Los partidos el gran obstáculo
Pero el gran problema, acota de inmediato Jacqueline, está en la estructura de los partidos políticos. Son estructuras muy verticales, muy centralizadas, la inclusión de las mujeres se ha dado en las bases del trabajo, pero en los cuadros directivos no es igual de masivo el ingreso de mujeres. Ahí está uno de los grandes escollos, ahí está el gran obstáculo. Entonces tiene que haber un trabajo de las propias mujeres para ir abriendo espacios, para que haya más mujeres en los distintos niveles, de modo que siempre exista, digamos, materia prima de donde puedan salir las candidaturas. A buena parte de los partidos les pareció difícil encontrar a mujeres dentro de sus estructuras para cubrir la cuota.

Y conste que ha habido dos mujeres presidentas de partidos
Sí, pero yo estoy convencida de que son esfuerzos particulares y dotes excepcionales de liderazgo, pero no producto de estructuras internas equilibradas en su

integración de género. En los comités ejecutivos nacionales de los principales partidos políticos hay un 30% de mujeres, e incluso en el pan, que ha sido el partido más resistente a las cuotas, es en donde hay más; pero hay que ver qué tipo de responsabilidades tienen las mujeres dentro del órgano de dirección de sus partidos, y vemos que las mujeres siguen ocupando carteras marginales.

¿Qué hay que hacer?
Hay efectivamente un trabajo de las mujeres por abrir espacios, una demanda por ocupar cada vez más cargos de mayor responsabilidad. Pero yo creo que hay que caminar en otro sentido. Hay una percepción generalizada de que las mujeres somos más honestas, de que somos capaces de realizar gestiones más efectivas, entonces se requiere de un trabajo adicional de las mujeres para ir documentando que la presencia nuestra agrega algo más a la acción política del ejercicio público. La presencia de la mujer no solamente debe ser percibida como un asunto de justicia, porque representamos la mitad de la población; creo que tiene que probarse que es un asunto de racionalidad en la gestión pública, que el hecho de que estén otras visiones, formas distintas de ver y hacer la política, va a enriquecer la política, a dar mayores posibilidades de que el ejercicio sea más plural, más deliberativo. Ese es el reto.

¿Eso coadyuvaría a formar la masa crítica de la que hablabas?
Yo creo que se puede impulsar a partir de dos grandes cosas: una, que se vaya fomentando la evaluación de la intervención de mujeres en la gestión pública, un rendimiento que sea evaluable y positivo, eso va a ser un elemento que va ampliar la convicción de la necesidad de abrir espacios; y la otra es la educación, sin duda alguna. En todas las encuestas que yo he revisado desde los 50 hasta ahora, está claro que es a través de la educación, a través de la formación, que las y los individuos aprenden prácticas democráticas, no teniendo miedo a la diferencia ni a la pluralidad ni a la tolerancia. Y claro, para que eso sea posible las mismas estructuras educativas tienen que irse modificando.

¿Cómo te vas del ife ?
Me voy muy contenta. Fue una gran experiencia que además la calidad de mis colegas hizo muy enriquecedora. Fue también un reto intelectual muy interesante, porque en las decisiones que tomábamos como cuerpo colegiado, se necesitaba llegar a convencer a los otros para llegar a la mayoría. Entonces una tenía que dar lo mejor, buscar las mejores herramientas para aportar algo a esa discusión y lograr que lo que se aprobara fuera lo mejor. Las gestiones tienen plazos, los plazos se acaban, y hay que concluirlos y concluirlos bien.

 

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