"...Se fueron consumiendo las botellas", luego la música, la luz y de último la conversación. La plática, como otras tantas noches, giró alrededor de la infidelidad y todas sus pequeñas, mezquinas y a veces maravillosas variantes. El comportamiento humano es tan impredecible como las posibilidades existentes en la Tierra. Si no, basta ojear una biblioteca, encender la radio o la televisión y ahí encontraremos toda una gama de situaciones amorosas complicadas y simples como la vida misma.
Son las telenovelas espejos deformados, patéticas representaciones de la vida que sirven como ejemplo para que miles de mujeres y hombres crezcan con ese único y estúpido patrón de comportamiento. En los culebrones mexicanos, por ejemplo, la infidelidad del galán siempre se debe a las hábiles mañas de la villana, quien logra emborracharlo para seducirlo contra su voluntad. Y en cambio, la infidelidad femenina no existe (sólo las equivocaciones al respecto). Si no, recordemos la terrible historia de Verónica Castro en "Los ricos también lloran", cuando ella, luego de sufrir un desmayo, se ve atendida por un buen amigo, al que lo cachan justo en el momento en que está depositándola suavemente en la cama.
Hay, por supuesto, de infidelidades a infidelidades. Todos recuerdan la famosa quemada de rancho del millón de dólares y una Demi Moore obligada a acostarse con Robert Redford para lograr salvar la casita de sus sueños.
Existen también las mujeres infieles pero sacrificadas como en "Los puentes de Madison", todo un ejemplo de las madres que prefieren la felicidad de su hogar a la propia. Del otro lado de la moneda están las infidelidades en primer grado (con agravantes) como aquello que cantaba la ahora confesa y arrepentida evangélica Yuri: "Amiga mía, sé que estoy robándote al hombre de tu vida", o la María Conchita Alonso con la clásica excusa "fue una noche de copas, una noche loca".
A los engañados no les quedará otra que esperar a "que no les digan en la calle: el venado, el venado". Y es que difícilmente hay hombres como Perales que se limitan a preguntar "¿y cómo es él, en qué lugar se enamoró de ti?" O el colmo de las sumisas que dicen "tú me admiras porque callo y miro al cielo, porque no me ves llorar". No como el descaro de algunos trovadores como Sabina y sus odas a la infidelidad, o el mismo Luis Eduardo Aute, quien le dice a su mejor amigo: " Una de dos: o me llevo a esa mujer o te la cambio por dos de quince", y se arriesga a que sea Pablo Milanés el que le conteste "la prefiero compartida antes que vaciar mi vida".
Lo peor es que las relaciones pueden llegar a niveles insospechados de complicaciones, como en la película "Random Hearts", y su versión sonora a cargo del guatemalteco Arjona en "Historia de un taxi". Aunque a veces la culpa sea de ellos -quienes muy seguros dicen: "Yo quiero que te besen otros labios para que me compares hoy como siempre"-, lo que no saben es que el "amante bandido" bien puede ser Miguel Bosé y todo terminar dramáticamente como en "Cruz de navajas", de Mecano.
Pero para no ponernos dramáticas, ahí les va un chiste:
Están un hombre y una mujer en la cama, cuando suena el teléfono. Ella atiende y dice: "¿Sí?... Está bien... No te preocupes... De acuerdo, adiós". El hombre le pregunta quién era y la mujer responde: "Era mi esposo; dice que llegará tarde porque está cenando contigo". |

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PARA VER EN LA OSCURIDAD |
"The Piano" (Jane Campion)
"The Graduate" (Mike Nichols)
"Sé infiel y no mires con quién" (Fernando Trueba)
"Atracción fatal" (Adrian Lyne)
"Sex, Lies and Videotape" (Steven Soderbergh)
"Lunas de hiel" (Roman Polanski)
"Eyes Wide Shut" (Stanley Kubrick)
"Amores perros" (Alejandro González)
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PARA LEER |
"Las mil y una noches" (anónimo)
"Madame Bovary" (Gustave Flaubert)
"El amante de Lady Chatterley" (D.H. Lawrence)
"El amante del volcán" (Susan Sontag)
"Cuentos de mujeres infieles" (Antología de Mario Benedetti)
"La pasión turca" (Antonio Gala)
"Los diarios de Anaïs Nin"
"El Decamerón" (Bocaccio) |
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