El sueño de muchas: casarse y ser madre. El hombre ideal es atractivo, macho, potente y con algo de dinero. En una entrevista que hace poco leí, la psicóloga argentina Clara Coria menciona que un mandato social de peso es que el amor debe ser el eje de la vida de las mujeres. Su comentario llamó mi atención. Me di cuenta que conozco una buena cantidad de jóvenes y no tan jóvenes que se han casado soñando con el príncipe azul y se entregan por completo al amor. "Y claro, después" -dicen algunas- "viene el vergazo".
A los años, cuando se ha dejado vida y alma en la relación y el hombre decide que mejor se va, la magnitud del abandono varía. "Me dolió que se fuera", afirma una joven, "pero sola puedo salir adelante; además, aún estoy en edad de encontrar a alguien que me quiera".
"Él se fue con otra, pero yo todavía lo quiero y no me interesé en otro hombre", comenta María, de casi 50 años. "¿Dinero? Nunca me dio un solo centavo. Llegué hasta sexto de primaria, y cuando me dejó tuve que vender ropa y lo que pudiera para sacar adelante a mis hijos".
Según Hilda Morales, abogada, al momento de la separación, no importa edad o posición social, las mujeres siempre salen perjudicadas. Menciona que cuando pertenecen a un nivel económico alto, también corren el riesgo de quedarse en la calle: los hombres pasan los bienes a sociedades anónimas y a la hora del divorcio no tienen nada a su nombre. |
En el caso del hombre clase media, éste traslada sus pertenencias a nombre de algún hermano, y con el apoyo del jefe declara un salario falso, con lo que consigue pagar una pensión mucho más baja. Las mujeres de escasos recursos tienen que hacer casi un regateo de alimentos, y los hombres prefieren dejar el empleo antes que pasar un pago para ellas y sus hijos.
"Obtener una pensión digna al momento del divorcio es difícil", comenta Hilda. "En ocasiones se logra que la casa quede a nombre de los hijos, pero cuando cumplen la mayoría de edad, la madre tiene que salir".
Es común que sean los hijos de las mujeres mayores de 50 años quienes impulsan y costean el divorcio de ellas, porque con el tiempo se dan cuenta de lo que su madre tuvo que soportarle al padre.
Para las de menor edad es más difícil. En innumerables ocasiones, el casamiento precoz trunca la continuación de los estudios, les impide insertarse en el medio laboral sin currículo ni experiencia y les dificulta conseguir un buen ingreso. Por otro lado, los bajos salarios implican horas extra de trabajo. Ellas buscan la manera de sacar adelante su hogar a como dé lugar. La venta de ropa, de artículos por catálogo, levantado de textos y un sinfín de alternativas son formas de sobrevivencia.
Los años pasan y por lo general somos nosotras quienes sacrificamos estudios, amistades, la vida y hasta la libertad. Lograr establecer con la pareja "lo mío y lo nuestro", como dice Clara Coria, es fundamental. Para que solas, aunque duela, tengamos los instrumentos para volar.
* Colaboradora de LaCuerda

|