Año 3 Numero 13 Octubre-Noviembre, 2003  




fidelidad no es
sinonimo de
salud (ni infidelidad de enfermedad)

Se ha difundido por el mundo, sobre todo a raíz de la epidemia del sida, la noción de que la fidelidad es una especie de "vacuna" contra las infecciones de transmisión sexual (ITS). El mensaje podría sintetizarse así (con corito de ángeles al fondo): "una persona casada se librará de cualquiera de estos terribles males si le es fiel a su pareja". La simplista receta "fidelidad = salud" no es casual ni inocente; es parte de la agenda de buen número de iglesias que no han perdido el tiempo capitalizando la epidemia del sida para diseminar su mensaje moralizante contra las tentaciones de la carne.

Y no es que sea incorrecto o inoportuno promover la fidelidad. El problema es que el mensaje con que se la fomenta resulta inadecuado, particularmente en el ámbito de las ITS, pues -como bien se sabe- no son siempre las enseñanzas moralistas lo que orienta la conducta sexual humana. Los hechos evidencian una realidad muy distinta y, al menos para muchas mujeres, el matrimonio sigue siendo peligroso para su salud.

Los hechos
evidencian una realidad muy
distinta y, al
menos para
muchas mujeres, el
matrimonio sigue
siendo peligroso
para su salud.


La receta de la fidelidad no toma en cuenta que se puede contraer matrimonio con alguien que ya esté infectado, digamos, por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), causante del sida, y que ignore estarlo. Es el caso de numerosas mujeres en el mundo que adquirieron el virus: su único factor de riesgo fueron las relaciones sexuales con sus propios maridos. Dado que el VIH puede tomar muchos años en destruir el sistema inmunitario, es de imaginar que esos hombres (algunos o un gran número) ya estaban infectados al momento de casarse, pero no fue sino años después que desarrollaron el sida.

La ciencia moderna lo ha determinado contundentemente: una mujer que sostiene relaciones sexuales continuas con su esposo infectado por el VIH, sin utilizar el condón en cada coito, corre un riesgo mucho mayor de adquirir el virus, que una soltera que tiene encuentros sexuales con una o varias parejas usando cada vez el preservativo.

Otro hecho que convierte en contraproducente el mensaje de la fidelidad vinculada a la salud es que hay personas que no tienen ni están buscando pareja. En su vida no hay nadie a quién serle fiel, y en todo su derecho se niegan a obedecer el mandato de abstinencia de las iglesias. Afirman que cada persona es libre de tomar, sin coerción de ningún tipo, las decisiones que sólo a ella le competen, también en el ámbito sexual.

Muchas campañas orientadas a prevenir las ITS fallan porque asumen una postura moralista y autoritaria. Lo cierto es que al sector Salud y a las organizaciones dedicadas a esta área no debería incumbirles la moralidad de la gente; por el contrario, tendrían que orientar sus mensajes a que toda persona pueda protegerse adecuadamente en cualquier práctica sexual de su libre elección.

En pleno siglo XXI, es hora de superar la arcaica creencia de que la gente tiene relaciones sexuales sólo para procrear, pero ¡nada como el placer del sexo deseado! y cuanto más pronto se acepte esa innegable realidad, mucho más apropiados serán los esfuerzos que promuevan la salud.

* Periodista feminista guatemalteca, directora de La Cuerda.

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