Año 3 Numero 13 Octubre-Noviembre, 2003  




 

Después de 18 años de casada mi relación se volvió monótona y rutinaria. Empezaron a agudizarse los problemas con Luis, mi esposo; perdimos la comunicación, los gestos afectivos y de cariño, y por último, se deterioró el deseo de tener intimidad. Con tres hijos y a los 35 años me di cuenta que algo faltaba para sentirme completa.

Busqué la manera de salvar mi matrimonio. Consulté a un médico que lo único que consiguió fue hacerme sentir culpable; dijo que la frigidez y el bajo nivel de estrógenos (el climaterio) me estaban atacando y que era yo la causante del problema. Empecé con un tratamiento hormonal que no dio resultado: sólo aumenté de peso y el deseo nunca llegó.
Intenté buscar ayuda con un consejero conyugal, pero como Luis no aceptó que teníamos problemas, allí quedó todo. Cada día que pasaba me sentía más frustrada y vacía.

Sin imaginarlo, un día mi vida cambió. Nunca pensé que en la clase de baile, un hombre de ojos claros y piel canela iluminaría mi vida. El profesor me enseñó lo necesario para aprobar el curso... y algunas otras cosas. Nos conocimos más allá de la materia; empezamos a salir, intercambiamos experiencias y fluidos. Descubrí entonces que no era yo la del problema, mis estrógenos estaban bien, y de frigidez, ¡nada!

El de piel canela

Entré en conflicto y culpa debido a lo que la Iglesia y la sociedad dicen de la infidelidad; sentí que mi conducta era errónea, pero al tiempo dejé de verlo como un engaño. Luis se enteró y tuvimos problemas serios; le echó la culpa de nuestro fracaso al hombre que me devolvió los momentos gratos que hacía tanto yo ya no disfrutaba.

Después de 18 años de matrimonio Luis olvidó lo importante de la comunicación, los gestos de amor y las salidas al cine o a comer para fortalecer la relación.

La experiencia que viví por poco me cuesta la vida, pero también me hizo crecer y vivir de nuevo. En un momento difícil, el de piel canela expresó de muchas maneras su cariño hacia mí.

Hoy lo recuerdo con
afecto y a veces con nostalgia.         
Sus sentimientos me ayudaron a salir de una rutina
que me estaba consumiendo.        

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