Crecí bajo la idea del respeto por los límites sociales, aquellos que definen lo que se nos permite hacer, y con una serie de principios que siempre parecieron estar escritos con sangre. La sola mención de la palabra "adúltera" ha sido por sí misma una especie de título reservado para las mujeres corruptas, malas, sucias, pecaminosas, desleales. Es la palabra con el suficiente poder de reunir todos los castigos del infierno y hacer caer sobre nuestras cabezas el señalamiento, ser marcadas con la mácula y la letra escarlata. Pero aquí estoy, cruzando la sacrosanta frontera y con una relación que ya ha durado más de un año que me resulta inmensamente seductora. Dicen que la gente anhela explorar su lado oscuro. Yo me encuentro sencillamente motivada por los sentimientos compartidos de complicidad, lo cual ha creado un poderoso vínculo. Sí, soy culpable de todo y lo disfruto plenamente. Hay poco que hacer al respecto.
Los más altos tabúes han perdurado por siglos; siguen cobrando facturas de precios muy altos pero aún se siguen emitiendo.
siglos de aprendizaje humano para detenerse por un momento y preguntarse si la civilización es suficientemente madura para pasar a un segundo estadio, y responsabilizarse por sus relaciones maritales tanto como por las extramatrimoniales? Obviamente la respuesta siempre será un 'no': los seres humanos nos
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hemos acostumbrado a ser territoriales. Conciliar ambas esferas parece siempre una tarea imposible y por demás prohibida. Yo, a nombre propio y recordando que miles de personas se mueven y moverán por el terreno de lo ilícito, me devano el coco y me hago aquellas preguntas que supuestamente no se hacen quienes proyectan la imagen de ser personas satisfechas. Hoy por hoy mi única misión se reduce a explorar las alternativas prohibidas frente a un mundo que se limita -de manera cómoda y borrega- a la ecuación del blanco y el negro. Para principiar, dicen que escoger es renunciar. ¿Por qué? ¿No es esta sentencia una visión estrecha? A través de esta experiencia compruebo que en toda ambivalencia subyace la posibilidad de estimular, reivindicar y revivir el interés por el amor romántico, los mimos, el placer físico y mental.
Según Robert Greene, "la mayoría de las personas tienen sueños que se hacen añicos o se acaban con los años. Se sienten desengañadas por la gente, los hechos y la realidad, que no se ajustan a sus ideales juveniles". descartando el matiz del desencanto y la pérdida de las ilusiones juveniles, lo cual es demasiado fácil, cuando un segundo amor toca a la puerta en la madurez el asunto se transforma en un regalo inesperado, de manera frontal pero incluso responsable. El simple color de la aventur
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desaparece para transformarse en un sentimiento que nos hace recordar cómo es que funcionaban ciertas partes del cuerpo; se reviven sentimientos encajonados y comportamientos olvidados. El peso de la cotidianidad pasa a segundo plano y nuestra huida encuentra refugios que se transforman en algo indispensable por su carencia de cargas rutinarias y el constante estímulo del yo.
Es bastante difícil de explicar. Podréis acusarme de liviana y de crear falsos espacios de seguridad. Pero esa expectativa constante, que te devora el alma y el morbo, es la que te confunde para estimular la vida interior. Ese e-mail que llega diariamente a mi dirección personal es la presencia que me excita, esa voz entre las sábanas del adulterio es la que me otorga la posibilidad de no verme como el florero en la esquina de la casa.

ES UNA DOSIS DE
ENERGIA QUE ME
PROYECTA COMO
SER
DESEABLE.
EXTRAODINARIAMENTE
SUPERRIOR

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