Año 3 Numero 14 Diciembre-Febrero, 2003-2004  




La comunidad internacional de mujeres se reúne en Ciudad Juárez. Llegamos con las madres de las asesinadas y desaparecidas al Puente Lerdo, allí arriban jóvenes, hombres, mujeres de California, Alburquerque, Texas y otros estados del país del norte. Gente de todo México, las actrices Jane Fonda, Sally Field quien no pudo contener las lágrimas cuando le preguntamos: ¿Por qué está usted en Juárez? Y respondió: "Porque esto que está sucediendo en México es una masacre producto de la impunidad, porque no vamos a dejarlas solas en esto, porque la vida es sagrada y estos crímenes son imperdonables". Eve Ensler, la famosa activista y escritora autora de los Monólogos de la Vagina, obra creada para evidenciar la violencia que se ejerce en contra de las mujeres en todo el mundo, dijo: "Estoy en México para llamar a todas las y los mexicanos a decir 'Ni Una Muerte Más'" aseguró emocionada. "Cada vez que violan a una mujer lastiman un poco de cada mujer del mundo, cada vez que matan a una mujer, matan algo de nosotras mismas, la violencia contra las mujeres está aumentando en el mundo entero, y creemos que es momento de unir esfuerzos para decir basta. Los hombres buenos deben unirse a esta carrera por la paz".
         La marcha hizo eco en Juárez y nosotros nos preguntábamos, si entre los mirones de las banquetas, ensombrerados con sus trocas negras y facha de narcos no estarían algunos de los asesinos, mirando la esperanza pasear frente a ellos, sabiendo que las muertas ya no pueden caminar más y ellos andan por su patria con la libertad de un gobierno corrupto, de tres presidentes de la República pusilánimes ante los asesinatos de mujeres.
        Mientras caminábamos entre la gente para preguntarle por qué estaba allí, por qué viajar de tan lejos, por qué marchar bajo el sol con el viento invernal, por qué gritar con tanta vehemencia por unas desconocidas, todos, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, desconocidas y famosas respondieron igual: por la vida, por el derecho a vivir en armonía, con paz y sin violencia.
          Se quedan los recuerdos, los moños morados, las fotografías y mis grabaciones para el arcón de los trabajos periodísticos. Se quedan los ojos dulces de Doña Evangelina y sus noches insomnes, que queda el nombre de Soledad Aguilar en mi memoria y su nieta en mi imaginación, se queda Guadalupe con su sonrisa tímida y su piel lozana, con sus miedos a la policía por denunciar la corrupción que perdió todas las pruebas del asesinato de su hija. Se quedan las cruces rosas con nombres y flores de papel en un baldío, guardadas en una fotografía en mi cámara.



Se queda el dolor inconmensurable de las madres y padres, de Don Roberto y sus ojos verdes que lloran a su hija después de 7 años de muerta y que marcha al lado de las mujeres de negro y me da las gracias por darle voz. Se queda la basura en el parque Juárez, se queda el olor a muerte y a esperanza. Se queda en el aire de la patria, en la frontera de la impunidad la pregunta ¿por qué esperar tanto para caminar por la paz? Y al volver a Cancún, a mi Cancún, viene a mi mente el caso Succar y los rostros dulces de las niñas abusadas y de las madres asustadas y pienso ¿por qué aquí habría de ser diferente que otras partes de México? ¿Por qué soñar con una patria en la que a todos y todas nos importe la justicia y la armonía social?
            Se solicitan respuestas, preferentemente esperanzadoras; los pesimistas: favor de abstenerse.

 

 

 

 

 

 

 

Las mujeres no son objetos,
no son desechables.

 

 

 

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